¿Fórmula matemática para conquistar a las mujeres?

El diario Qué! ha publicado un curioso artículo en el que se afirma que ha sido descubierta la fórmula para conquistar a una mujer (sic) (ver texto adjunto).

Parece ser que alguien ha desperdiciado su carrera, la cual debió conseguir, como todos, con el sudor de su frente y una juventud con algunos sacrificios (al menos en época de exámenes). Digo que ha desperdiciado su carrera, ya que aún no se ha dado cuenta de que, ni todas la mujeres son iguales, ni pretenden serlo.

Además, el estudio trata a los humanos (especialmente a las mujeres) como puros especimenes de laboratorio, animales irracionales no condicionados por sus creencias y su educación, por su lugar de nacimiento y por sus propias ideas. Y aunque no dudo de que muchos individuos formen parte de un rebaño, dominado por la sociedad actual (quizá todos lo formemos), no hay que olvidar que, en algún aspecto, todos somos ovejas negras. Siempre existe algo que nos diferencia de los demás. Puede ser el simple hecho de que no te guste el futbol. O de que no veas operación triunfo, o de que seas gay, o de que no te parezca bien el trasbase del Ebro, o de que no te guste el bigote de Aznar o las cejas de Zapatero, o de que estés en contra de la guerra. O, simplemente, que no te guste que un chico te invite a cenar, ya sea porque has apreciado que su mírada está ubicada muy cerca de tu escote, o a través de el, o que te hayas dado cuenta de que el restaurante resulta estar muy cerca de su casa. O que no te guste la comida china y a él le chifle. No sé, mil cosas. Por lo tanto me parece absurdo pensar que con una simple buena cena (¿con buena quieren decir cara?), ella se sienta atraída por ti. El amor hay que ganárselo.

Claro que, quizá el artículo no hable del amor. Si es así, es posible que una cena pueda conquistar a una mujer. Sí, es posible que a aquellas que solo busquen sexo, prestigio, o dinero. Lo cual haría que el estudio esté dedicado únicamente a un porcentaje muy pequeño de la población femenina (o eso espero).

Si en vez de dedicarnos a hacer absurdos experimentos, intentáramos comprender a la persona que queremos, y aprendiéramos a aceptarla con sus defectos y virtudes (y me consta que, en general, tenemos más virtudes que defectos, en especial vosotras), quizá sabríamos cual es el regalo ideal que podemos hacerle. A veces, copiar una poesía de Neruda (si no tenemos la suficiente facilidad de palabra como para escribirla nosotros mismos), y entregarla en un papel arrugado, puede ser la muestra de amor más perfecta que exista. A veces incluso, una mirada basta, o una caricia. No creo que a ella le interese tu dinero o tu prestigio, o tu aparato.

Seamos hombres, que para eso tenemos un cerebro racional. No seamos especímenes de laboratorio. Amemos, y olvidémonos de las probabilidades, que si por probabilidad y estadística fuera, yo tendría 0,9 hijos y un sueldo impresionante.


“ASÍ ES LA FÓRMULA PARA CONQUISTAR A UNA MUJER

EL REGALO, SIEMPRE DE POR MEDIO
Según el Doctor Peter Souzo, de la UCL, los regalos se dan incluso entre otras especies. Es más, siempre provienen del macho. El regalo ideal entre humanos: uno valioso y nomaterial.
DAR PISTAS DE COMPROMISO
Una buena cena, por ejemplo, es el regalo ideal ya que la mujer lo interpreta como una molestia por parte del hombre y una visión de compromiso a largo plazo. Siempre puede no aceptar.
‘POR INTERÉS TE QUIERO ANDRÉS’
Con una cena o unas entradas, el hombre descarta la opción de que la mujer quiera salir con él por el mero regalo físico. Sabrá que si acude, es porque le agrada.
PROBABILIDAD Y EQUILIBRIO
Los expertos de la UCL, tras calcular variables de probabilidad, afirman que este tipo de citas confirman la compatibilidad o no de los caracteres de la pareja.”

Diario Qué!. Jueves, 28 de Julio de 2005.

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Faltos de héroes, pero sobrados de falsos héroes

El pasado sábado, como buen freaky que se precie, fui al cine para ver una de las grandes producciones que está en candeleda estos días. Me refiero, cómo no, a los cuatro fantásticos. (Realmente un buen freaky la habría visto el día del estreno, pero uno trabaja y ya se sabe…).

La verdad es que me gustó, al igual que el resto de películas de superhéroes Marvel, pero no me pidan una opinión crítica, puesto que no soy objetivo con este tipo de films.

Pero no era ésto lo que quería contarles, así que vayamos al tema: Estamos faltos de héroes. Voy a explicarme:

Soñamos con seres voladores que desprendan rayos por los ojos, y que con su capa y sus calzoncillos por fuera detengan a los malvados Lex Luthor o sus equivalentes en otros héroes del género. Y se nos olvida que esas personas no existen. También creemos que un buen político sería capaz de detener a un tal Bin Laden que está aterrorizando al mundo occidental. Y se nos olvida que esa persona tampoco existe. Y si nos damos cuenta, todos tiene algo en común: en los cómics, el malvado antagonista, el enemigo más mítico del héroe, suele ser un antiguo amigo o compañero del superhéroe. ¡Qué curioso!, ¡qué paralelismos!

Así que, como esos héroes de ficción no existen, ni tampoco existen actualmente los héroes políticos (aunque algunos sean algo mejores que otros), nos acercamos a lo que nos parece más real: el cine. Nos perdemos en la gran pantalla buscando algo de esa bondad perdida en el género humano. Pero también nos olvidamos de algo más. De que lo héroes sí existen fuera de nuestra imaginación. Nos olvidamos del bombero que ha salvado nuestra casa de las llamas y ha velado por nuestros recuerdos, los que conforman nuestra vida. O de aquél que ayudo a un niño a salir del amasijo del que parecía imposible escapar. O del médico que nos salvó la vida cuando todo parecía perdido. Incluso del misionero que lo deja todo para luchar por una causa que parece perdida. Nos olvidamos hasta de nuestro vecino, que nos hizo la vida un poco más facil cuando decidió ser amable con nosotros, cuando se quedó con nuestro perro para que pudiéramos disfrutar de nuestras vacaciones. Nos olvidamos de la familia, que nos hizo crecer fuertes y sanos, y que en algunas ocasiones se quedaban sin comer para que nosotros pudiéramos hacerlo. Nos olvidamos de nuestra pareja, que buscaba en nosotros tan sólo un poco de cariño, y que con el paso de los años lo hemos ido menguando por no cultivarlo. Nos olvidamos de nuestros hijos, que nos despiertan esa tan agradecida sonrisa cuando nos hacen alguna travesura, o cuando se nos ocurre jugar con ellos, una vez al año…

En definitiva: Los héroes sí existen, y no es necesario buscarlos en la gran pantalla. Tan solo tenemos que creer en nosotros mismos. Somos un gran potencial. Y si esperamos que los demás mejoren el mundo por nosotros, lo llevamos claro. Mejoremos nuestro ambiente, lo que nos rodea, y así mejorará nuestra vida.

Recuerdo una frase de Homer Simpson: “Elegimos a nuestros políticos para que piensen por nosotros”. No le hagamos caso, ya saben lo estúpido que puede llegar a ser ese personaje, y ya saben que todos nos identificamos con alguna parte de su conducta. Cambiemos eso. Cambiemos de ídolos. No escuchemos a Bush, Rajoy, Zapatero, Castro o quienquiera que sea que nos intente llevar a una guerra, en la que nunca hay héroes. Escuchemos a Gandhi, Jara, Allende o la Madre Teresa de Calcuta, a todo aquel que busca la paz a través de la paz, y no a través de la guerra.

Escuchemos a nuestros héroes, salvemos a nuestros héroes, y seamos héroes con los demás.

¿Por qué lo haces?

He aquí todas las cuestiones en una: “¿por qué lo haces, si no te pagan nada?”

Digo, que he aquí todas las cuestiones en una, puesto que supone mucho más que una pregunta. Así que analicemos: Ese “por qué” quiere decir, como siempre, que no sabemos o no compredemos la razón de lo que se expone a continuación en la misma frase. En caso de que no sepamos la razón, se nos explica y se acabó, pero puede ser que sigamos sin comprenderla. Si no comprendemos la razón, es muy probable que nuestra opinión sea contraria a la de la persona a la que formulamos la pregunta, es decir, que no haríamos lo mismo que ella, ya que nos movemos por nuestros propios pensamientos, anclados en la educación recibida por parte de toda la sociedad que nos rodeaba cuando éramos más de lo que somos (es decir, cuando aún éramos inocentes niños). En este caso (que supone casi la totalidad de los casos), la pregunta es formulada con cierto aire de reproche y de desprecio, más acentuado por parte de unos individuos que por parte de otros. Últimamente, cuando me hacen esta pregunta, prefiero no responder, y deseo ignorarla, darme la vuelta, e irme. Pero resulta que odio parecer un maleducado, así que respondo con sencillez y contundencia un gran “porque sí” o un “porque me gusta, me siento realizado”. Hace algún tiempo mi argumento hubiese sido más estudiado y filosófico, quiza hubiera relatado la parafernalia de siempre: que el mundo necesita un cambio, que todos deberíamos ayudarnos unos a otros, que cuando recibes ayuda te sientes agradecido, y ese sentimiento es tan importante que puede cambiarte, aunque sea por un momento, tu forma de ver la vida. Y ya sabemos que la vida es una suma de momentos, etc. Pero me he cansado de dar explicaciones. Sobre todo porque, al terminar el orgulloso discurso, cuando creo que he convencido a una persona más, me llega una segunda frase, la cual vacía la cuenca de mi esperanza durante unos instantes: “Así no vas a conseguir cambiar el mundo”.

Cierto, pero haré sonreir a alguien.

O quizá sí cambie el mundo. Quien sabe.

Hay una frase de un libro (siempre hay una frase de un libro) la cual quizá resuma todos mis argumentos. Es expresada por el vampiro Lestat, un ser inmortal que persigue la bondad, consciente de su monstruosidad, en “El ladrón de cuerpos”. Seguramente, la frase sea un reflejo de los pensamiento de su autora, Anne Rice: “Con este sencillo gesto, he incrementado realmente la suma total de luz del universo”. Aquí está el jugo de la vida. Esta es la frase que lo une todo, que lo resume todo. Esa sonrisa que consiga rescatar de cualquier labio hará que, en su conjunto, el mundo sea infinitésimamente más feliz, ya que la felicidad global reside en la felicidad individual masificada. Y, si como yo, hay un puñado de personas que despiertan una sonrisa ajena, entonces el mundo será más feliz.

Y sí, habremos cambiado el mundo.