La voz de la cometa

He aquí uno de los grandes misterios de la vida:

¿Por qué razón hay gente que te ofrece su ayuda, te da animos, y hasta te coje cariño, sin esperar nada a cambio? La verdad, yo no lo sé, pero tampoco quiero averiguarlo.

Es decir, que no me importa la razón. Lo que me importa es esa gente. Y me refiero concretamente a la labor que está haciendo Maribel Cerezuela con “La voz de la cometa”. Es interesante que todo aquél que quiera escribir, y se esfuerce un poco, pueda ser leído por millones de personas en todo el mundo a través de internet, y por unas cuantas gracias al papel, e incluso que pueda ser escuchado a través de las ondas. Y si además te dejan un espacio para tu biografía, mejor que mejor, ¿no?

Lo mejor de todo, es que ella no es la única persona con esta actitud. El caso es que existen miles de personas, repartidas por el mundo, que son felices haciendo felices a otros. Y les aplaudo y les admiro. Y todos deberíamos aplaudirles y admirarles.

Hace poco alguien me decía que estamos faltos de referentes, que sólo vemos corrupción, guerras, etc. Pues yo creo que sólo vemos lo que queremos ver. Cierto que existen quienes provocan las guerras, pero cierto también que existen los pacifistas. Cierto que existe la corrupción, pero cierto también que existe quién la encarcela. Cierto que existe el odio y la malicia, pero cierto también que existen aquellos que te quieren y que desean tu bien.

Unos días atrás, leí una gran noticia. No, no ha sido superexplotada en los noticiarios ni en los diarios, no se han hecho debates sobre ella ni se ha premiado con ninguna medalla, no se ha aplaudido. Pero eso no hace que sea una de las mejores noticias que he podido leer en años: En un hospital de Córdoba han conseguido que en ninguno de los casos de embarazadas con el virus del sida desde, si no recuerdo mal, el año 2003, repito: en ninguno de los 34 casos, el virus se traspase al hijo. Y ¿quién lo ha conseguido? Médicos sin nombre a los que les importa más salvar vidas que un minuto de gloria.

Existen referentes, y Maribel Cerezuela es uno de ellos. Podemos buscar a nuestro alrededor, o incluso más arriba, entre algunos personajes públicos, e incluso podemos mirar atrás y buscarlos en el pasado. A todos ellos, les aplaudo y les admiro, les ofrezco mi mano y mi corazón, y les confío mis sueños, que es más que confiarles mi vida.

Gracias de corazón.

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Soledad en Agosto

Resulta que en estas épocas estivales, a los que nos quedamos en casa (en mi caso porque he cojido las vacaciones en Septiembre), nos arremete un ataque de soledad. Y es que Madrid se queda vacío. Quizá no tanto como antes de la subida de precios que conllevó el Euro (aunque algunos la nieguen), pero aún así, la Gran Vía pierde a su gente.

Los garitos cierran (nuestro querido Libertad 8, por ejemplo, al que hace tiempo que no visito), los amigos y vecinos emigran durante unos interminables días, y los parques se vacían de niños (¿hay algo más triste que un parque sin niños?). Eso sí, tranquilidad ganas, mucha tranquilidad.

Pero no crean que esto me deprime o me disgusta. Simplemente es una sensación más, una de esas que te hacen sentir humano. Y la verdad es que todo tiene su lado bueno. Menos ruidos, menos contaminación, y una extraña sensación que te hace despertarte más pronto que en invierno (¿a ustedes no les pasa?). Menos pisotones en el tren y el metro, menos empujones, y menos gente a la que preguntar la hora para recibir tan solo ignorancia (e incluso malas miradas). Además, es como si el mundo fuera más alegre. En aquellos comercios en los que te hacían sentir inferior, por el simple hecho de ser el cliente, te tratan con simpatía (quizá por ser el primer y único cliente del día). Y seguro que los comerciantes también notarán que sus clientes están más animados y amables (no tener que aguantar horas de espera alegra el día a cualquiera).

Y sin embargo se nos olvida que tenemos una solución para sentirnos menos solos. Y es que los nuevos barrios de Madrid (nuevos no por antigüedad, sino por la gente que los habitan) como Lavapiés te recogen con los brazos abiertos. Y es que por fin estamos logrando un bonito cruce de culturas y costumbres que nos hace más tolerantes y nos abre la mente. Por fin, puedo pasear por mi ciudad y ver distintas indumentarias y colores y sonrisas y miradas. Por fin puedo sentirme menos solo, menos ignorado, menos raro.

Ahora que lo pienso, quizá exista más soledad durante el resto del año. Donde puedes quedarte parado en mitad de la calle, con cientos de personas circulando en una y otra dirección, en medio de la lluvia, sin que nadie repare en ti. Incluso, es posible que alguien caiga en algún charco, y nadie se preocupe ni de mirarle.

Mi consejo: Prueben a quedarse en Madrid durante el mes de Agosto, al menos una vez en la vida, y les aseguro que se sentirán menos solos. Sentiran el cariño de una ciudad que se ha convertido en un cruce de culturas. Sentiran el calor humano de la gente que les saludan con la mirada, y que ríen y sueñan, y que miran y aman…