El don de pedir perdón

Qué curioso, un día que tardo un poco más en escribir esta parrafada, y ya me han preguntado por ello… Va a ser que, al final, alguno lo lee, a pesar de las críticas. Como los programas del corazón.

Esta semana hay varias cosas que nos han dado mucho juego: Por un lado, el hecho “aislado” (jajajaja) del agresor del metro. Por otro, la “discusión” entre nuestro monarca (suena solemne, ¿verdad?) y la mujer mas verde de todas, Esperanza. También podríamos hablar del primo de Rajoy, porque de Rajoy ya ni hablo, con el tema del cambio climático y su “trifulca” con Al Gore (al cual le ha engordado la buena vida). ¿Y con cual nos quedamos? Pues con todas, qué se le va a hacer.

Me quedo con todas porque esto me da pie a hablar sobre discusiones absurdas. Hoy en día, se nos han olvidado muchas palabras, y las que recordamos, las decimos a gritos o de malas maneras, para que todos se den cuenta de que aún nos las sabemos. Nos hemos aprendido la enciclopedia Álvarez y recitamos a pies juntillas lo que en ella se dice, y cuando alguien se acerca para mostrarnos, con argumentaciones y pruebas fehacientes, lo contrario a lo que pensamos, les pegamos con el libro, que es gordo y hace daño. Y después, si puedo, te denuncio, por estropearme la tapa con tu frente.

Decía que se nos han olvidado muchas palabras, pero también algunas actitudes. Llevo muchos años sin oír a alguien pedir perdón. Nos estamos criando en una sociedad en la que el orgullo lleva a hacernos creer que en todo momento hacemos lo correcto, sin importar el objeto directo ni el indirecto (¿qué o a quién dañamos con nuestra acción?). Y aquí es donde falta una actitud: La empatía. El mal del mundo es la falta de empatía. La filosofía se ha convertido en: Mientras “yo me salve, me da igual que el vecino se incinere”. Y no nos damos cuenta de que el fuego se extiende muy rápidamente. El daño que hagamos, es muy fácil que nos sea devuelto, como decían las Brujas Celtas.

Cuidado, no propongo que pongamos la otra mejilla, porque nos la van a partir igual. Sólo que seamos pacientes si el daño no es tal (a mí no me hace daño que alguien me insulte, sólo me da la razón), y que si realmente nos hacen daño, no lo paguemos con quién no debemos. Y si por algún descuido lo hacemos (todos cometemos errores), lo ideal es que lo reconozcamos, y pidamos perdón a la persona oportuna. Y si no basta con pedir perdón: peléalo, llóralo, implóralo. Si no es suficiente, intentemos enmendar nuestro error, y si ya no se puede hacer nada, al menos procura no repetirlo. Sólo con eso, se solucionan una gran parte de los problemas cotidianos. Y si lo ampliamos a políticas mundiales, imaginaos la de guerras que nos ahorraríamos simplemente con estas dos cosas: El perdón, y la empatía.

Venga compañeros, dejo ya de aburriros, que creo que hoy me he pasado, y os mando un saludo muy gordo desde mi cueva de Fraguel Rock, la cual está llena de Currys y no me dejan divertirme. ¡Hasta otra!


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Resurección

Ayer le comentaba a mi compañero y amigo Almodovar (no, no me refiero al director de cine) que hoy iba a cambiar de tercio. Iba a hacer algo que ya introduje la semana pasada con lo de la vacuna contra el cáncer de útero. Es decir: Iba a comentar noticias alegres, dejar las frikadas a un lado. Pero no he podido resistirme, lo siento, necesito contar esto:

También ayer, salía en los diversos medios de comunicación, una de las noticias más frikis de los últimos tiempos: “El Capitán América resucita”. De verdad, no lo he leído en ninguna publicación extraña, sino en los periódicos “normales”.

Hemos de recordar que, hace unos meses, llegó a salir incluso en portada de varios diarios la muerte del conocido personaje. Y es que los comics terminan pareciéndose a la vida real. Steve Rogers (alter ego del Capi) era asesinado por un francotirador en las escaleras del congreso americano. La razón, bien sencilla: Se oponía a una nueva ley impulsada por el gobierno, la cual recortaba libertades a los ciudadanos Norteamericanos. La ley era sospechosamente parecida a la ley antiterrorista que George Bush impulsó hace ya algunos años, incluso en algún comic aparecía Condolezza Rice apoyando la propuesta.

Esta situación (la publicación de la ley) llevó el país hacia una guerra civil entre los detractores y los que apoyan dicha acta. De este argumento cogí la frase con la que firmaba los correos (“Quienes son capaces de renunciar a la libertad a cambio de la seguridad, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”. Benjamin Franklin), que es una de las principales premisas de la línea argumental.

Ahora, quien resucita no es el personaje como tal, sino que alguien (aún no se sabe quién es) se ha enfundado el traje y sigue con la cruzada personal del Capi.

Como he oído decir muchas veces, puedes matar a las personas, pero las ideas permanecen. Puedes matarme por no pensar como tú, pero alguien se alzará en mi lugar.

Una de las cosas que se me hacen más difíciles en esta vida es, como dijo Miguel Ríos, “defender mi ideología, buena o mala pero mía”. Y más difícil aún que defenderla, en conservarla. Continuar con fuerzas, mantenerse firme. No quiero mirar un día para atrás, y ver que aquello en que me he convertido no tiene nada que ver con lo que era. De momento, creo haberlo conseguido, mañana ya veremos.

Debemos crecer, hacernos grandes, pero por favor, nunca, y repito lo de nunca, os convirtáis en adultos. Seguid preguntándoos si aquél cordero, sí o no, se comió la flor (si no sabéis de qué hablo, leed “el principito”), seguid buscando preguntas, no penséis que tenemos todas las respuestas. Y por encima de todo, intentad dibujar cada día una sonrisa en la cara de alguien. Cuando ves a alguien sonreír gracias a ti, es cuando comprendes que la vida merece la pena.

Un saludo, jóvenes pawadan, nos vemos por aquí.