Resurección

Ayer le comentaba a mi compañero y amigo Almodovar (no, no me refiero al director de cine) que hoy iba a cambiar de tercio. Iba a hacer algo que ya introduje la semana pasada con lo de la vacuna contra el cáncer de útero. Es decir: Iba a comentar noticias alegres, dejar las frikadas a un lado. Pero no he podido resistirme, lo siento, necesito contar esto:

También ayer, salía en los diversos medios de comunicación, una de las noticias más frikis de los últimos tiempos: “El Capitán América resucita”. De verdad, no lo he leído en ninguna publicación extraña, sino en los periódicos “normales”.

Hemos de recordar que, hace unos meses, llegó a salir incluso en portada de varios diarios la muerte del conocido personaje. Y es que los comics terminan pareciéndose a la vida real. Steve Rogers (alter ego del Capi) era asesinado por un francotirador en las escaleras del congreso americano. La razón, bien sencilla: Se oponía a una nueva ley impulsada por el gobierno, la cual recortaba libertades a los ciudadanos Norteamericanos. La ley era sospechosamente parecida a la ley antiterrorista que George Bush impulsó hace ya algunos años, incluso en algún comic aparecía Condolezza Rice apoyando la propuesta.

Esta situación (la publicación de la ley) llevó el país hacia una guerra civil entre los detractores y los que apoyan dicha acta. De este argumento cogí la frase con la que firmaba los correos (“Quienes son capaces de renunciar a la libertad a cambio de la seguridad, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”. Benjamin Franklin), que es una de las principales premisas de la línea argumental.

Ahora, quien resucita no es el personaje como tal, sino que alguien (aún no se sabe quién es) se ha enfundado el traje y sigue con la cruzada personal del Capi.

Como he oído decir muchas veces, puedes matar a las personas, pero las ideas permanecen. Puedes matarme por no pensar como tú, pero alguien se alzará en mi lugar.

Una de las cosas que se me hacen más difíciles en esta vida es, como dijo Miguel Ríos, “defender mi ideología, buena o mala pero mía”. Y más difícil aún que defenderla, en conservarla. Continuar con fuerzas, mantenerse firme. No quiero mirar un día para atrás, y ver que aquello en que me he convertido no tiene nada que ver con lo que era. De momento, creo haberlo conseguido, mañana ya veremos.

Debemos crecer, hacernos grandes, pero por favor, nunca, y repito lo de nunca, os convirtáis en adultos. Seguid preguntándoos si aquél cordero, sí o no, se comió la flor (si no sabéis de qué hablo, leed “el principito”), seguid buscando preguntas, no penséis que tenemos todas las respuestas. Y por encima de todo, intentad dibujar cada día una sonrisa en la cara de alguien. Cuando ves a alguien sonreír gracias a ti, es cuando comprendes que la vida merece la pena.

Un saludo, jóvenes pawadan, nos vemos por aquí.


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