Tiempos cómicos

Estos son días en que nos dejamos olvidadas en casa las llaves del candado del volante, por lo que nos toca volvernos del trabajo en metro. Son días en los que la gente frota con energía durante largos minutos las manzanas, cual brujas malvadas de cuento, para sacarles el brillo adecuado. Son días en que el hambre nos hace asaltar las cestas de navidad de los compañeros, y pedir palomiteros como regalo de navidad. Son días en que los precios se redondean a la alza, muy a la alza, para que los pobres dueños de los pequeños comercios de barrio como “el corte inglés” o el “carrefour” puedan pagar los juguetes de navidad de sus hijos (Valor superior a 30 €, pilas no incluidas, los complementos se venden por separado).

Hoy en día, como dice Risto Mejide en su columna del ADN, se hacen apagones a nivel mundial para frenar el cambio climático, y unos días después se encienden millones de bombillas, eso sí, de bajo consumo, a lo largo y ancho de nuestro país.

La navidad se ha desprestigiado hasta tal punto que ya ni la escribimos con mayúsculas. En parte es lógico. La navidad es una fiesta cristiana, y todos sabemos que España es un país laico ¿?. Al final, lo que parece que siempre está en el fondo de toda fiesta o iniciativa es el dinero. Se nos olvida llamar a la familia y amigos para desearles una feliz navidad, pero no escatimamos en auto-regalarnos por reyes esa tele de plasma de tanto esperábamos. Bueno. Más bien se la regalamos a nuestra pareja, para que parezca que le hemos hecho un regalo caro, cuando se sabe perfectamente que es para nosotros.

Peeeeero, a pesar de este discurso que parece más propio de Sanchez Dragó que de un servidor, la navidad tiene muchas cosas buenas. A relatar:

Amigos. ¿Cuantas cenas de navidad habréis hecho con esos amigos a los que no veis en todo el año? ¿Cuántos “a ver si nos vemos, que sólo nos juntamos en navidad” habremos escuchado? Y nunca lo hacemos, nunca les llamamos fuera de esas fechas. Me hace mucha gracia la gente que comenta: “Esto es sólo un paripé, ¿Qué pasa, que no se pueden hacer regalos el resto del año?” Pues sí, se puede, pero… ¿los haces?

Familia. Además de lo introducido en “amigos”, con el tema de los regalos, también hacemos cenas y comidas familiares. ¿Hipocresía? Tal vez. Pero la verdad es que hay veces que, familias que no se hablan en todo el año, se tragan el orgullo por un día, y le desean unas felices fiestas a aquella persona con la que estaban enfadadas. Y probablemente lo hacen de corazón, ya que una cosa es estar enfadado (como digo, por orgullo la mayoría de las veces) y otra cosa es no sentir cariño hacia alguien.

Alegría y amabilidad. Sí, ya sé que la gente que es borde, lo es todo el año. Pero estoy completamente seguro, y lo he vivido en más de una ocasión, en que la gente se esfuerza por ser aquello que nunca fueron. Por lo que se dice de “año nuevo, vida nueva”. Se esfuerzan por hacer la buena obra del mes y a veces lo consiguen. Te sueltan sonrisas por la calle, y en los comercios de barrio. Los vecinos más tímidos y huraños te desean unas felices fiestas al entrar al portal, y te comentan lo bonito que es el belén que ha puesto el del quinto… Tenemos más color en casa y las calles, con o sin luces, con guirnaldas y Santa Claus colgados de los balcones. Más sentido del humor. Más paciencia. Más vida.

Y luego hay otras cosas muy, muy importantes. A saber: Los estrenos de cine y el Expocómic. Cuándo, sino cercano a la navidad, se iba a estrenar algo como Beowulf en 3D en varios cines de la comunidad. Ya tengo las entradas, así que si alguien se apunta, que las pille por Internet. La cita es esta noche en el kinépolis. Siempre recordaré aquellas tres navidades seguidas en las que los días 5 o 6 de diciembre se estrenaban las maravillosas adaptaciones de “el señor de los anillos”. ¡Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto! Y respecto al expocómic, al que se le ocurra preguntarme si voy a ir, le destierro de estos mails. Eso ni se pregunta. No puede ni dudarse. Ni siquiera debería nadie imaginarse remotamente una respuesta negativa a la pregunta no formulada.

Por cierto, para los más frikis (no voy a dar nombre). Están poniendo en kinépolis la VOS de Blade Runner. ¡¡Si puedo escaparme me voy de cabeza!! “He visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de orión”.

Sólo me falta algo de tiempo a esta parte… El calvo de la Navidad. Si él, ya nada es lo mismo. Sniff.

En conclusión: Que para mí, si fuera Navidad todo el año (pero sin frío, please), sería feliz. Aunque no recibiera regalos.

Bueno compañeros, besos y abrazos. Felices fiestas para todos, para lo cristianos, para los creyentes pero no cristianos, y para los ateos y agnósticos. Disfrutad estos días, intentemos ser más humanos.

¡Hasta el próximo viernes! Y recordad que la verdad está ahí fuera.

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La vida en verso

Ya sé que el último viernes os sorprendí a la mayoría. A algunos gratamente, y a otros para mal, pero lo importante es que casi todos lo leísteis, que es de lo que se trata, ¿no? El caso es que la poesía es importante (al menos en mi opinión), puede incluso llegar a ser divertida (Raúl nos lo demostró). Me imagino a la pareja de edad “media” de escenas de matrimonio: “Roberto, ¿qué poema de Neruda te gusta más?” “Pues está claro, Marina, el XV”, “¿Por qué mi cuchifritín?” “Porque me gusta cuando callas…”.

Y es que: ¡Cuántas veces hemos rimado de niños “al conejo de la suerte, con cara de inocente…”, entre otras! ¡Cuántos adolescentes donjuanes salidos pronuncian a diario aquello de “No es verdad, ángel de amor…” (pero la buena) intentando llevarse al huerto a la pobre “doña Inés” de turno! ¡Cuántas canciones tarareamos a lo largo del día, pensando que son canciones poéticas cuando en realidad son un truño! Recuerdo especialmente una de Chenoa, que rimaba tres versos seguidos con la palabra “bien”. Pues bien.

Pero bueno, la poesía es así, ambigua, rala, y al alcance de todos. Luego está el tema de saber y/o querer diferenciar.

Prefiero una poesía a tiempo (aunque sea copiada) que una playstation (por poner un ejemplo material) a destiempo. Creo que es una buena manera de entendernos, de reafirmar sentimientos, de pedir perdón (tema recurrente ya en estos textos), de demostrar lo que somos y lo que queremos. Digo “aunque sea copiada” porque no todos tenemos las mismas habilidades y características. ¿A quién no le gusta escuchar aquello de “poesía eres tú”, si va dirigido a uno mismo? No sé que tienen los versos, pero a mí más de una vez me hacen llorar (y no precisamente de pena, que ya veo algún graciosillo por ahí).

Puede que penséis que todo esto es una tontería adolescente, una chiquillada, que aún soy joven y no he recibido suficientes palos en la vida como para darme cuenta de cómo son las cosas, que la gente cambia con el tiempo, etc, etc, etc. ¿Pues sabéis qué? Que todo esto lo he aprendido de mis padres, que a sus 50 años siguen regalándose flores y poesías de vez en cuando. Y os aseguro que la vida les ha pegado lo suficientemente fuerte como para cambiar sus sentimientos y sus ideas, pero ellos han sabido afrontarlos y hacerse más fuertes. Han sabido convertir sus debilidades en fortaleza, y esa es una facultad que quiero seguir aprendiendo de ellos, y de la gente como ellos. Siguen defendiendo y ayudando a los inmigrantes, siguen adorando y educando en ocasiones a los niños (no me refiero a mi y a mi hermana), siguen creyendo en la bondad de la gente, y se siguen llevando enormes decepciones y desbordantes alegrías por esta forma de pensar.

Bueno chicos, no quería daros una lección de vida ni nada parecido, sólo escribir un viernes más. Un abrazo muy gordo, nos vemos por aquí.

Un nuevo mundo

Aquella frágil flor
nacida entre mis dedos
dibuja un nuevo mundo
en sus pétalos sinceros.

Tiembla, mas no tiembla de miedo.
Llora, mas no llora por pena.

Y en sus gritos sordos
de pura alegría contenida
se escucha la belleza innata
que trae consigo su vida.

No busca oro ni plata,
rechaza presentes osados.
No busca amistades vanas,
desecha sentimientos vacuos.

Y cuando marchite
varias eras después
quedará en alza su memoria:
disfrutaremos con calma el ayer.

Ayer le comenté a José María que hoy tendríamos un cambio de registro. Pues aquí está. Espero que os haya gustado. Y si no, no os preocupéis, no lo repetiré mucho. El caso es que es lo que me apetecía hoy. Así, sin más.

Bueno, para aquellos que aún no lo sepáis, finalmente me quedo dos mesecitos más en este puesto, aunque previamente me cogeré unas pequeñas vacaciones. Quién se va a otro proyecto es nuestra compañera Noemí. Sé que la mayoría le echaremos de menos. Aquel que no, tengo por seguro que es porque no ha tratado con ella. De todas maneras, como siempre digo, la vida es una rueda que nunca para. Siempre volvemos a encontrarnos, y lo reencuentros son maravillosos.

Un gran abrazo para todos vosotros. El viernes que viene, más (aunque esté de vacaciones).

Polvo de estrellas

Os tengo que hablar de otra película. La elegida en esta ocasión ha tenido una promoción pésima, al menos aquí en España, muy poca publicidad, y pocas salas en los cines. De hecho, la estuve viendo en Kinepolis el pasado Domingo, fin de semana en que se estrenaba, y la tienen apartada en una de las salas más pequeñas (las cuales nunca son pequeñas) de la ciudad pozuelina del cine. Seguramente, las mejores películas las encuentras en esas salas, pero eso es tema aparte.

Esta película, llamada “Stardust” (polvo de estrellas, para quién no entienda inglés), es un cuentecito que bien podrían ver nuestros hijos (míos no, aún), pero que ofrece enseñanzas a los padres. Básicamente es un atípico cuento de hadas, en el que una estrella cae a la tierra, y se producen varias situaciones al respecto: Una bruja mala (Michelle Pfeiffer) quiere conseguirla para recuperar su juventud, unos príncipes van tras el cuerpo celeste para ganarse su derecho al trono y por último, un joven llamado Tristán, proveniente de un pequeño pueblo de Inglaterra, necesita el lucero como prueba de su amor hacia su adorada Victoria.

Si os gustó “La princesa prometida” (una de mis favoritas), esta os encantará. El caso es que plantea varias situaciones que podríamos trasladar a la vida real. Intentaré relatarlas sin reventaros la película… La primera y no por ello más o menos importante, es la posibilidad de cambiar nuestro destino. Cómo un joven dependiente de una tienda, puede cambiar su “aburrida” vida por algo mucho más atractivo, que en la fantasía le lleva incluso a conocer a un capitán de barco un poco mariposón (Robert DeNiro), el cual se gana la vida cazando rayos, pero que en la realidad te puede llevar a cambiar radicalmente de vida. Como dicen en la película: “hay chicos que son dependientes, y otros que trabajan casualmente en una tienda”. La trama en este aspecto intenta decirnos que siempre debemos perseguir nuestros sueños y que, los consigamos o no, el viaje es enriquecedor y hermoso. Yo intento ser cada día de los que casualmente trabaja en este mundillo de las telecomunicaciones y, de momento, el viaje me está resultando sorprendente y esperanzador.

Tenemos es esta película un segundo tema: La prueba de amor. Se supone que Tristán está persiguiendo la estrella porque, gracias a ella, podrá demostrar su amor a Victoria: “Por ti, cogería esa estrella y la traería a tus pies”. “Demuéstralo, pero tienes una semana”. A lo largo de la película, se ve la devoción total de Tristán hacia Victoria, ese amor incondicional, hasta que alguien le pregunta: “¿Y qué ha tenido que hacer ella para demostrarte su amor?”. Curioso argumento que no solemos plantearnos. Si alguien para ti es importante, y se supone que el sentimiento es recíproco (no es necesario que hablemos de amor, puede ser amistad, compañerismo, relación padre-hijo, etcétera, etcétera), ¿por qué tenemos que pedir una prueba de ello? ¿Dónde hemos dejado la confianza? ¿Porque te baje la luna a tu balcón, voy a ser mejor persona? No, simplemente, alguien más aparente, que deja sus principios en la cuneta por ganarse a una persona que no le merece. Así de simple.

Yo no voy a traeros la luna, no iré a por una estrella para que adornéis vuestra mesa, no intentaré ganarme ningún premio. Me conformo con ser quién soy, y tener a mi lado a quién quiera compartir mis experiencias. Si la vida nos une, bienvenida sea esa unión, intentaré conservarla, pero no voy a forzarla. Estoy agradecido de haber encontrado compañeros como vosotros.

Un abrazo, nos vemos pronto.