Polvo de estrellas

Os tengo que hablar de otra película. La elegida en esta ocasión ha tenido una promoción pésima, al menos aquí en España, muy poca publicidad, y pocas salas en los cines. De hecho, la estuve viendo en Kinepolis el pasado Domingo, fin de semana en que se estrenaba, y la tienen apartada en una de las salas más pequeñas (las cuales nunca son pequeñas) de la ciudad pozuelina del cine. Seguramente, las mejores películas las encuentras en esas salas, pero eso es tema aparte.

Esta película, llamada “Stardust” (polvo de estrellas, para quién no entienda inglés), es un cuentecito que bien podrían ver nuestros hijos (míos no, aún), pero que ofrece enseñanzas a los padres. Básicamente es un atípico cuento de hadas, en el que una estrella cae a la tierra, y se producen varias situaciones al respecto: Una bruja mala (Michelle Pfeiffer) quiere conseguirla para recuperar su juventud, unos príncipes van tras el cuerpo celeste para ganarse su derecho al trono y por último, un joven llamado Tristán, proveniente de un pequeño pueblo de Inglaterra, necesita el lucero como prueba de su amor hacia su adorada Victoria.

Si os gustó “La princesa prometida” (una de mis favoritas), esta os encantará. El caso es que plantea varias situaciones que podríamos trasladar a la vida real. Intentaré relatarlas sin reventaros la película… La primera y no por ello más o menos importante, es la posibilidad de cambiar nuestro destino. Cómo un joven dependiente de una tienda, puede cambiar su “aburrida” vida por algo mucho más atractivo, que en la fantasía le lleva incluso a conocer a un capitán de barco un poco mariposón (Robert DeNiro), el cual se gana la vida cazando rayos, pero que en la realidad te puede llevar a cambiar radicalmente de vida. Como dicen en la película: “hay chicos que son dependientes, y otros que trabajan casualmente en una tienda”. La trama en este aspecto intenta decirnos que siempre debemos perseguir nuestros sueños y que, los consigamos o no, el viaje es enriquecedor y hermoso. Yo intento ser cada día de los que casualmente trabaja en este mundillo de las telecomunicaciones y, de momento, el viaje me está resultando sorprendente y esperanzador.

Tenemos es esta película un segundo tema: La prueba de amor. Se supone que Tristán está persiguiendo la estrella porque, gracias a ella, podrá demostrar su amor a Victoria: “Por ti, cogería esa estrella y la traería a tus pies”. “Demuéstralo, pero tienes una semana”. A lo largo de la película, se ve la devoción total de Tristán hacia Victoria, ese amor incondicional, hasta que alguien le pregunta: “¿Y qué ha tenido que hacer ella para demostrarte su amor?”. Curioso argumento que no solemos plantearnos. Si alguien para ti es importante, y se supone que el sentimiento es recíproco (no es necesario que hablemos de amor, puede ser amistad, compañerismo, relación padre-hijo, etcétera, etcétera), ¿por qué tenemos que pedir una prueba de ello? ¿Dónde hemos dejado la confianza? ¿Porque te baje la luna a tu balcón, voy a ser mejor persona? No, simplemente, alguien más aparente, que deja sus principios en la cuneta por ganarse a una persona que no le merece. Así de simple.

Yo no voy a traeros la luna, no iré a por una estrella para que adornéis vuestra mesa, no intentaré ganarme ningún premio. Me conformo con ser quién soy, y tener a mi lado a quién quiera compartir mis experiencias. Si la vida nos une, bienvenida sea esa unión, intentaré conservarla, pero no voy a forzarla. Estoy agradecido de haber encontrado compañeros como vosotros.

Un abrazo, nos vemos pronto.

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