Inocentada

Como es ya la ¿tercera? vez que me despido de este puesto de trabajo, no voy a insistir en crear bonitas frases que os hagan recordar “momentos mecedora”, como comentaba Risto Mejide, ya que supongo que volveré a estar por aquí en breve, y si no, bastantes despedidas hemos tenido ya… Así que dedicaré el mail del viernes a otros contenidos de interés del personal, para divertimento de ambas partes.

Lo primero que quiero reivindicar hoy es nuestro derecho al Roscón de Reyes. Alguien me dijo por aquí que el viernes había roscón (lo iba a comprar algún compañero), pero lo mismo me dijeron el miércoles… creo que me han gastado una inocentada. Me parece totalmente injusto que la empresa no nos invite a tan tradicional lujo culinario. En vez de eso, nos reparten calendarios con frasecitas como “¿Qué tiene tu corazón en San Valentín?” o “¿A qué huelen las cosas que no huelen?”. Pero bueno, de donde no hay, no se puede sacar.

Por cierto, hablando de inocentadas… tened cuidado, no vayáis a encontraros el famoso monigote pegado a vuestra espalda. O algo peor, quién sabe. Esta es otra de las cosas que se echan de menos. Las inocentadas han dado paso a varias vertientes: o bien no se hace ninguna, o bien se tiran petardos, o alguien hace alguna gamberrada rozando la delincuencia. Echo de menos las bromas a compañeros… ¡Si hasta la gala “inocente, inocente” la dieron un día antes! Voy a ver si le gasto alguna a alguien, vigilad vuestras espaldas.

Todo esto me hace pensar en la brevedad de las cosas. En lo efímero de la rosa. No sé si recordáis el momento en que el principito conoce a un cartógrafo. Éste le explica que las rosas no pueden dibujarse en un mapa, puesto que en los mapas sólo se registra “lo permanente”, y la rosa es efímera. El principito protesta, porque le parece mucho más importante la rosa que él ha cuidado que los volcanes de su planeta. Ahí volvemos a tener una moraleja sobre la vida, sobre nuestra conducta. Intentamos que la fachada de nuestros edificios se mantenga intacta, porque es lo permanente, lo importante, y nos olvidamos de cultivar aquello que tenemos entre esos muros. Las grietas que reparamos en nuestras paredes, las ignoramos en nuestro corazón. Y todo el mundo sabe que, cuando un corazón se llena de grietas, acaba siendo derribado.

Tengo la idea de que, cuidando las cosas pequeñas, los detalles, lo efímero, podemos concebir cambios muy grandes e importantes. Por ejemplo, si hacemos reír a nuestro compañero, quizá no mejoremos el mundo, aunque el nivel de felicidad en el mundo suba en ese momento unas décimas. Pero si cada uno de nosotros hace reír a una sola persona, las consecuencias son grandiosas.

Imaginaos si en vez de eso, lo que decidimos es intentar hacer la vida un poco más fácil a los que tenemos cerca. Al final, todo se resume a lo que siempre predico, con más o menos acierto: la empatía.

La verdad es que no sé realmente qué me impulsa a escribir los correos de los viernes. No sé si es que quiero ser leído, sentirme protagonista, desahogarme, salirme de la rutina, hacer un poco el vago dejando de lado el trabajo, expresarme de una manera distinta, o lo mismo es mi manera de ser ninja, que diría Naruto. Lo único que sé es que, si consigo aunque sea reducir alguna de esas grietas del corazón, o consigo esbozar una sonrisa en alguno de vuestros labios, o tan solo despertaros un bonito sentimiento, yo me sentiré totalmente dichoso.

Nada más compañeros, que tengáis una feliz salida y entrada de año. Gracias por seguir ahí.

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Grito de esperanza

Hoy tengo la obligación de iniciar mi correo dando la enhorabuena a nuestro compañero Alfonso, ya que, como la mayoría sabéis, acaba de ser papá. Ahora es cuando empieza lo bueno. Lo siento Alfonso, pero vas a tener que ver las pelis del video club, con interrupciones cada poco tiempo… Olvídate del cine por un tiempo, jeje.

De paso, pues también felicito a Ramón, ya que aunque no ha nacido aún la criatura, sabemos que el día 30 tendrá entre sus brazos un magnífico retoño llamado Ismael.

Estas cosas siempre me han hecho pensar. ¿Qué nos impulsa a ser padres? Es curioso que una gran parte de la humanidad tenga una visión negativa sobre el futuro de nuestros hijos y, a la vez, decidan adentrarse en la complicada pero reconfortante aventura de ser padres. Siempre he pensado que esto es debido a la esperanza. En el fondo de nuestros corazones, seguimos pensando que otro mundo es posible, que las guerras y el hambre acabarán y que la situación actual va a mejorar. Tenemos hijos “sabiendo” que podrán criarse en un lugar decente (sin llegar al idealismo, por supuesto) en el que no tendrán que pagar por respirar ni emigrar para comer. Un mundo en el que su mayor discusión sea por quién maneja el mando de la televisión y sus luchas no vayan más allá que la de conseguir un ascenso en el trabajo.

Hoy en día en que, como dicen los Celtas Cortos, “más veces llueven balas que besos sobre tu piel”, mantenemos la esperanza que nos incita a pensar que nuestros semejantes también tienen algo de bondad. Que algún día callará el ruido y oiremos la lluvia caer. Que un guerrillero encapuchado iniciará una revolución contra la soledad, y que el miedo a salir a la calle perderá el pulso que desde hace años le enfrenta contra la felicidad.

Me gustaría pensar que todo esto va a ser real, que el desarme nuclear es inminente y definitivo, que las vacunas escaparán de los bolsillos de las farmacéuticas y prevendrán al mundo entero del virus de la pobreza. Pero todo esto tiene un defecto de forma. A todos nos gusta decir palabras bonitas, pero siempre dejamos que otros actúen por nosotros. Si podemos timar a alguien, le timamos. Y si nos timan, buscamos venganza. Echamos la culpa de todos nuestros males al gobierno de cada país, y les creemos cuando nos dicen que la situación de Irak ha mejorado desde que fue bombardeado… Dejamos que otros decidan por nosotros y nos digan qué está bien y qué está mal. No aprendemos de nuestros errores, sino que los repetimos hasta que los convertimos en algo bien visto.

No sé a donde quería llegar con esto… Sólo quería deciros que espero que vuestros hijos lleguen tan lejos como se lo propongan, que sus alas no se vean cortadas desde el nacimiento y puedan escapar de los vicios de la sociedad, y por supuesto, que no repitan los errores que nosotros cometemos, que ahí es donde entra la educación que les queramos dar. Mientras tanto, los demás seguiremos soñando el mundo que hay al otro lado de la ventana, intentando reunir el valor suficiente para acercarnos y abrirla.

Espero no haber incomodado a nadie, y disculpadme si me he sobrepasado. Es que estoy leyendo un libro de Carlos Ruiz-Zafón, y se me ponen los sentimientos a flor de piel. Si no habéis leído nada suyo, probad a hacerlo. Si los libros pudieran destilarse para crear perfume, el que obtendríamos de éste sería el equivalente al aire que respiramos en primavera en campo abierto, rodeados de rosas y aire limpio. Lejos de la contaminación, lejos del mundo. Es escritura en estado puro.

Bueno, no me enrollo más, que os doy mucho la lata. Un gran abrazo para todos vosotros. Os deseo de nuevo una felices fiestas en las que vuestros sueños más humanos se hagan realidad. ¡Nos leemos el viernes que viene!

T4

No penséis mal, no os creáis que vaya a hablar de la Terminal 4 de Barajas, ni nada parecido… aunque tiene algo que ver con máquinas increíbles.

El tema de hoy está motivado por un comentario hecho por un par de compañeros, uno que decía algo así como: “Ya no hablas tanto de cosas frikis”, y otro que me reprochaba que diera tantas “charlas morales” (sic) y me pedía que, por favor, volviera a hablar de películas. Bueno, vale, de acuerdo. Pues tocará hablar de pelis.

Espero que os emocione taaaaaaanto como a mí saber que están haciendo otra superproducción hollywoodiana que acabará en un truño a la altura de su presupuesto. Sí, sí, estoy hablando de “Terminator 4”. La acción de la película estará centrada en la guerra de humanos contra máquinas, y los humanos serán dirigidos por el fantástico “John Connor”. No sé, quizá sea una metáfora de la sociedad actual, a saber.

Voy a exponer tres puntos fundamentales, por los que creo que me daréis la razón al pensamiento de que esta película va a ser un éxito en cuanto a acumulación de críticas destructivas (cacho de frase sin comas que acabo de escribir. Venga, haced el análisis sintáctico):

1. No sale Arnold. No pongo el apellido porque no me apetece, no porque no sepa ponerlo… (¿ha colado?). Bueno, vale, ya sé que está un poco cascadillo y eso, que ya no puede sacar pecho como hacía en la primera, y toda esa historia, pero… ¿no creéis que le echaremos de menos?

2. Escriben el guión las mismas personas que escribieron el de Terminator 3… ¡Que levante la mano aquél que piense que terminator 3 es una buena película! Vamos hombre, que si le hubiéramos puesto una guitarra al T-1000, habría parecido sonrisas y lágrimas en versión ciborg…

3. Por último, y quizá lo más preocupante: La dirige el mismo personaje que se puso tras las cámaras en “Los ángeles de Charlie” (las dos).

Ya estoy viendo el argumento y los planos: “Las máquinas han tomado el control de la tierra, toda la galia está ocupada por una serie de ciborgs sin piedad. ¿Toda? No, una pequeña aldea resiste ahora y siempre al invasor, alentados por una pastilla que les hace convertirse en superhéroes capaces cargarse a un tanque con I.A. poniendo posturitas al más puro estilo Power Rangers. Uno de ellos, al que llaman ‘batman’ en la intimidad (el protagonista será encarnado por Christian Bale), esquivará los obuses con su robusta capa, y dará de ostias a todo cacho de metal andante”. ¿Y el final? Preguntaréis inocentemente. Repuesta: ¿Qué mas da? Lo importante es que un tío se va a pegar a pecho descubierto contra 500 bichos de acero. ¿Y el motivo? Para qué se va a explicar, si ya hay otras tres películas que lo comentan… Bueno, dos.

Pues eso, que llevéis a vuestros hijos al cine, que disfrutarán viendo a los Power Rangers. Y como no dirán palabrotas (porque curiosamente, en terminator, cuando pierden la piel humana pierden la capacidad de hablar), pues será autorizada apara todos los públicos. Por mucho desmembramiento que salga en la película.

En fin, que al final la veré. Si es que me pierden los efectos especiales… Qué sería del mundo sin “industrias Light&Magic”.

Y ya que estamos peliculados… ¿Existe esa palabra? Diría que no, pero si Cela se las inventaba y era un genio, pues loado sea su ejemplo. Que al final me fui a ver Beowulf. ¿Merece la pena? Pues está bien, y tiene su moraleja y todo, pero tampoco es la película del año… Si al menos los personajes no fueran virtuales, pues ganaría mucho el tema, por eso de ver a Angelina Jolie prácticamente desnuda y en 3D. ¿Si os la recomiendo? Hombre, mejor que Terminator 3 es, eso os lo aseguro, y mejor que la mayoría de las películas actuales. No te sientes estafado cuando vas al cine. Y si la ves con las gafitas 3D, tiene momentos muy buenos. Por lo tanto, si no tenéis plan en el fin de semana, podéis pasaros por un cine adecuado, y pasar un buen rato en una sala oscura. No penséis mal, que os veo venir.

Compañeros, ustedes reciban saludos cordiales, como dice nuestro camarada Ángel, y pasen un buen fin de semana, o un buen puente si se han pedido el día. Gracias por aguantarme. Por cierto, admito sugerencias, que quisiera agradar a todo el mundo con estos escritos… Lo dicho: ¡hasta el Viernes que viene!

Volveré.