Rectifico…

Me resulta extremadamente dificil expresar con palabras lo que siento hoy en mi interior… No sé cómo ha sucedido, pero de haber tan sólo un puñado de personas que conocían mi afición literaria, y menos personas aún que leyeran estos textos, he pasado a tener casi doscientos lectores, en poco más de dos días… Como digo, inaudito.

Es uno de esos hechos insólitos que te hacen darte cuenta de que no estamos solos. Si el otro día apostaba por la comunicación más íntima y personal, hoy apuesto por la comunicación en general. Para mí, estos dos días se han convertido en una experiencia llena de reencuentros y apredizajes.

De reencuentros, porque al mandar un email tan masivo que gmail me castigó sin poder mandar más durante todo un día, pensando que era spam, he recibido respuestas de algunas personas con la que hacía mucho tiempo que no me comunicaba. He reiniciado amistades, y es posible que se esté forjando alguna que otra completamente nueva.

De aprendizajes, no sólo en el tema tecnológico (¿ya habéis escuchado la música?), sino también en el personal. He aprendido que el virus del olvido se extiende más lentamente de lo que había supuesto. También existe gente inmune a él. Y me he dado cuenta de que, además, existe cura para el mismo, y que esa cura está contenida siempre en las palabras que uno lee.

A veces, mentalmente, divido mis días entre los que estoy feliz, y aquellos en los que estoy más feliz. Afortunadamente, aún no tengo que contar los días de tristeza, y espero no tener que hacerlo. No tengo una libreta para contar mis días de felicidad, como en “El buscador” de Jorge Bucay, pero espero que en mi epitafio aparezca una fecha muy amplia. Y estos días me habéis dado mucho más vida de la que esperaba recibir. Voy a tener que abrir una nueva clasificación de mis días, en los que incluya momentos como este.

Lo único que espero es que todo lo escrito no se quede en la nada, que no sean momentos que se pierden en el naufragio general de la memoria, que diría “sai” King, que mis palabras no hayan caído en saco roto, y que mi aprendizaje sirva para que muchos de vosotros aprendan también algo nuevo. De nada sirve el conocimiento, si no eres capaz de compartirlo y transmitirlo como es debido. De nada sirve el aprendizaje, si lo das por concluído. Por favor, seguid enseñándome, porque sin vuestra guía, mi vida no tendría sentido alguno.

Compañeros, amigos, familiares, camaradas, hermanos. Millones de gracias.

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La peor de las muertes

¡Hola compañerísimos! Como cada semana, o quincena, o lo que sea, voy a llenar este blog de palabras inconexas sin destino definido, esperando que no hagáis oídos sordos a las frases mal expresadas que nacen desde mi ignorancia literaria. Así que, para los nuevos: ¡Bienvenidos! y para los veteranos… ¡Qué decir que no sepáis ya!

Hoy, como cada viernes, he vuelto a enamorarme del señor Risto Mejide, y a riesgo de que penséis (seguramente con razón) que soy un aprovechado por utilizar ideas de los demás para escribir mi blog ¿semanal?, voy a hacer acopio de sus palabras y comentar su misma temática. Pero antes de nada, si no habéis leído la columna que tan distinguido señor (ahora rapado y con gafas normalitas) escribe cada viernes en el diario ADN, os insto a que vayáis a la parada de metro más cercana (o al vestíbulo, para los currantes de ONO) y os hagáis con un ejemplar de susodicha publicación.Si empezáis a leer el periódico por detrás, os encontraréis enseguida, junto a algunas noticias de cine, los ‘hartículos’ (sí, con hache), que publica este simpático señor.

Pues bien, hoy se le ha ocurrido nada más y menos, que comentar el miedo que toda persona tiene metido en su interior, y que va disminuyendo con la adolescencia y madurez (si es que existe) para potenciarse de nuevo en la tercera edad: La soledad.

Risto, nos comenta, siente lástima de aquél que desprecia, desdeña o se burla del que está solo. Por una vez, creo que Mejide se queda corto. Yo no siento lástima hacia esas personas. Siento rabia, enfado, un asomo de odio, o todo junto, no lo sé. Aquél que se burla del que está solo, se merece cien años de soledad, para que descubra el dolor inmenso que puede sentir una persona que, rodeada de tanta gente, ha sido abandonada; para que lo sufra en sus carnes y en su corazón. Y no como una medida de reinserción, como nuestras cárceles, sino como castigo. Porque aquél que se burla de alguien que está solo, es porque sabe que ese alguien está solo, y no contento con no hacer nada para paliar esa soledad, se regodea en la angustia que todos hemos sufrido alguna vez en nuestras vidas.

Me parece increíble y tremendamente triste que en una sociedad formada por tantos millones de personas, con todas las tecnologías de comunicación delante de nuestras narices, nuestros ojos y nuestras bocas; con tanto messenger; email; teléfono móvil; etc., la soledad se esté convirtiendo en uno de los mayores problemas de nuestras vidas. El exceso de comunicaciones nos aturulla, y hace que tanta alternativa nos confunda y huyamos de ello, porque a nadie le gusta sentirse confundido.

Así que os insto a que, cuando lleguéis a casa, desconectéis el teléfono móvil, desinstaléis el messenger, os olvidéis del correo-e durante toda la tarde y os comuniquéis de la manera tradicional con las personas más cercanas. Un abrazo, una caricia, un suspiro quedo, un apretón de manos, una mirada furtiva, una sonrisa sincera o una simple palabra sentida, puede dar esperanzas y dotar de vida a alguien que ya lo había perdido todo, aunque no recordara cómo o porqué. El olvido es una enfermedad muy peligrosa, y la soledad que provoca es la peor de las muertes. No olvidemos a nuestros mayores, no se merecen nuestra indiferencia.

Besos y abrazos para todos. Nos vemos pronto

San Valentín 2008

Hoy es un día propicio para el amor y, no nos engañemos, el sexo. Seguro que la mayoría de vosotros estáis pensando: “hoy pillo”. Pues la cosa no funciona así. Me imagino que ya lo habréis comprobado, ya que la muchos de vosotros lleva ya bastante tiempo felizmente casado/arrejuntado. Se necesita una complicidad, un compromiso, algo especial.

Como creo que ya sabéis, me gustan este tipo de fiestas materialistas. Soy así, ¿qué se le va a hacer?. Pero me gustan porque siempe tienen un trasfondo sentimental y precioso. Hacen que tu rutina sea un poco menos rutinaria, valga la redundancia, y nos encontremos con curiosas sorpresas. Periódicos que cambian sus páginas de portada; colores alegres en vuestro calendario, escritorio y vuestra ropa interior; e-mails pesados como el mío, etc. Quizá, con un poco de suerte, algún regalito os espere en la mesita de noche, por pequeño que sea.

Fijaos, por ejemplo, en algo que es costumbre en dinamarca, según leo en internet:

“En Dinamarca las flores tienen más glamour que nunca. Y es que, por este día, se tiene por costumbre enviar flores blancas prensadas simulando ser ‘gotas de nieve’ y se entregan a las personas más cercanas y queridas. También tienen costumbres algo más simpáticas, como el hecho de que los hombres envían ‘cartas graciosas’ a las mujeres sin más firmas de identidad que poner un punto por cada letra que lleva su nombre. Si la mujer en cuestión que recibe la carta acierta quién ha sido ‘su valentín’, él la recompensará con un huevo de Pascua.”

Yo, por mi parte, y como lo pide este día, os hago un regalito personal. Unos versos escritos a la carrera:

Furtivas son las miradas
etereas y perdidas,
lujuriosas, amarradas,
imposibles, lascivas,
zalameras, cansadas…

Desatado el deseo
ínfimo es el sentido,
anónimo el beso.

Distantes son los gritos,
enmudece el viejo mundo.

Santos los cuerpos santos
abrazados en el frío nocturno,
nómada de tu lecho santo.

Valeroso el miedo que vencemos
al alzar tu voz al viento,
letanía de los versos
esperanzados y eternos
nacidos del mismo credo
taciturno y quedo,
íntimos labios que (embusteros)
nunca pronuncian “te quiero”.

Saludos, nos vemos compañeros.