Kinder sorpresa

Kinder sorpresa, porque esto va a ser un tres un uno: Chocolate, un juguete y una sorpresa.

Empecemos por el chocolate:

“Así como el cielo pinta el mar
de la color que le place sin consultar
con el hombre del tiempo,
así son los sentimientos.

Y es por eso que prefiero
las palabras a los hechos
no tienes nada que demostrarme
me basta con un ‘te quiero’ “

No creo que pueda encontrar mejor chocolate para ofrecer a todo aquel que lo desee degustar que esta canción del Lichis (La cabra mecánica), la cual expresa en unos pocos versos certeros todo aquello que alguna vez pude pensar respecto de las personas. Sigue leyendo

Anuncios

Noches de leyenda

Como diría Miguel Bosé, “hay días que nacen sin tu luz”. Y es que así un día nunca puede estar completo. Quiero decir: Si tu luz no me alumbra, mi sonrisa no existe. Es así de simple. No hay postulados, teorías, hipótesis, ni siquiera ideas o pensamientos fugaces que puedan sostener lo contrario. Nada ni nadie se atrevería ni a pensarlo, y si a alguien se le ocurriera acaso negarlo en voz alta, las estrellas vengarían tal ultraje haciendo que parara el universo, el tiempo se invirtiera, y obligarían al sujeto en cuestión a cerrar la boca durante miles de años.

Sin tu luz no hay vida. Sigue leyendo

Síndrome de abstinencia

Me lancé hacia mi derrota
cuando aún no había vencido.
Me perdí entre otros labios:
los que nunca besamos,
los que siempre anhelamos.

Y caí.

Pero aterricé en un mullido lecho
donde la vida se amontona
pidiendo a gritos esperanza.

A cambio me ofrece su voz.

Otros brazos me acarician
me tientan, me abrazan
me arrastran, me lanzan
a este vacío de verdades.
A ese mundo sin males,
a la esquina de los muertos
de mis vivencias inciertas.

Sabes que no existe rey
en el país de los tuertos.

Aunque nos digan que camina
entre nosotros un mesías
que nos librará del injusto.
¿Quién nos protegerá
de su particular justicia?

Más que la vida
amo la verdad
del que renace en los versos
del cantautor extinto.

Sin la sinceridad de tu mirada
no me queda más que nada.
Ni palabras, ni espacios
ni mundos, ni edades.

Mi tiempo no es más
que el que ingenias sosteniendo
el último grano de cristal
entre tus dedos temblorosos,
resquicio del palacio
donde la emperatriz infantil
evita que nuestros sueños
se infecten con veneno de áspid.

Quizá hasta que desaparezca
la vorágine de existencia,
tu fantasía será la que cure
mi síndrome de abstinencia.