Sin mirar

Camino tranquilamente por la calle. Una de esas calles luminosas y anchas, donde puedes andar con los brazos extendidos cual pasajero del Titanic sin rozar una sola de las almas que transitan por ella. Pienso en mis cosas. Mi trabajo. Mi vida. Mi libertad.

De pronto, mientras mis pensamientos vagan por un sinfín de pasadizos secretos, accesibles solo para mí, noto algo que cae a mis pies. Mierda, se me han manchado los zapatos. Sigue leyendo

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