Confesión

 – Sí, fui yo.

     La mirada de aquel agente estaba a medio camino entre la incredulidad y la pena. Resultaba extraño. Ante la confesión de tan horrible crimen, cualquiera supondría que yo recibiría poco menos que el odio y la ira de cualquier persona que, alguna vez en su vida, haya tenido un sentimiento.

     Pero no. Incredulidad y pena. Sobre todo pena. Sigue leyendo

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