T4

No penséis mal, no os creáis que vaya a hablar de la Terminal 4 de Barajas, ni nada parecido… aunque tiene algo que ver con máquinas increíbles.

El tema de hoy está motivado por un comentario hecho por un par de compañeros, uno que decía algo así como: “Ya no hablas tanto de cosas frikis”, y otro que me reprochaba que diera tantas “charlas morales” (sic) y me pedía que, por favor, volviera a hablar de películas. Bueno, vale, de acuerdo. Pues tocará hablar de pelis.

Espero que os emocione taaaaaaanto como a mí saber que están haciendo otra superproducción hollywoodiana que acabará en un truño a la altura de su presupuesto. Sí, sí, estoy hablando de “Terminator 4”. La acción de la película estará centrada en la guerra de humanos contra máquinas, y los humanos serán dirigidos por el fantástico “John Connor”. No sé, quizá sea una metáfora de la sociedad actual, a saber.

Voy a exponer tres puntos fundamentales, por los que creo que me daréis la razón al pensamiento de que esta película va a ser un éxito en cuanto a acumulación de críticas destructivas (cacho de frase sin comas que acabo de escribir. Venga, haced el análisis sintáctico):

1. No sale Arnold. No pongo el apellido porque no me apetece, no porque no sepa ponerlo… (¿ha colado?). Bueno, vale, ya sé que está un poco cascadillo y eso, que ya no puede sacar pecho como hacía en la primera, y toda esa historia, pero… ¿no creéis que le echaremos de menos?

2. Escriben el guión las mismas personas que escribieron el de Terminator 3… ¡Que levante la mano aquél que piense que terminator 3 es una buena película! Vamos hombre, que si le hubiéramos puesto una guitarra al T-1000, habría parecido sonrisas y lágrimas en versión ciborg…

3. Por último, y quizá lo más preocupante: La dirige el mismo personaje que se puso tras las cámaras en “Los ángeles de Charlie” (las dos).

Ya estoy viendo el argumento y los planos: “Las máquinas han tomado el control de la tierra, toda la galia está ocupada por una serie de ciborgs sin piedad. ¿Toda? No, una pequeña aldea resiste ahora y siempre al invasor, alentados por una pastilla que les hace convertirse en superhéroes capaces cargarse a un tanque con I.A. poniendo posturitas al más puro estilo Power Rangers. Uno de ellos, al que llaman ‘batman’ en la intimidad (el protagonista será encarnado por Christian Bale), esquivará los obuses con su robusta capa, y dará de ostias a todo cacho de metal andante”. ¿Y el final? Preguntaréis inocentemente. Repuesta: ¿Qué mas da? Lo importante es que un tío se va a pegar a pecho descubierto contra 500 bichos de acero. ¿Y el motivo? Para qué se va a explicar, si ya hay otras tres películas que lo comentan… Bueno, dos.

Pues eso, que llevéis a vuestros hijos al cine, que disfrutarán viendo a los Power Rangers. Y como no dirán palabrotas (porque curiosamente, en terminator, cuando pierden la piel humana pierden la capacidad de hablar), pues será autorizada apara todos los públicos. Por mucho desmembramiento que salga en la película.

En fin, que al final la veré. Si es que me pierden los efectos especiales… Qué sería del mundo sin “industrias Light&Magic”.

Y ya que estamos peliculados… ¿Existe esa palabra? Diría que no, pero si Cela se las inventaba y era un genio, pues loado sea su ejemplo. Que al final me fui a ver Beowulf. ¿Merece la pena? Pues está bien, y tiene su moraleja y todo, pero tampoco es la película del año… Si al menos los personajes no fueran virtuales, pues ganaría mucho el tema, por eso de ver a Angelina Jolie prácticamente desnuda y en 3D. ¿Si os la recomiendo? Hombre, mejor que Terminator 3 es, eso os lo aseguro, y mejor que la mayoría de las películas actuales. No te sientes estafado cuando vas al cine. Y si la ves con las gafitas 3D, tiene momentos muy buenos. Por lo tanto, si no tenéis plan en el fin de semana, podéis pasaros por un cine adecuado, y pasar un buen rato en una sala oscura. No penséis mal, que os veo venir.

Compañeros, ustedes reciban saludos cordiales, como dice nuestro camarada Ángel, y pasen un buen fin de semana, o un buen puente si se han pedido el día. Gracias por aguantarme. Por cierto, admito sugerencias, que quisiera agradar a todo el mundo con estos escritos… Lo dicho: ¡hasta el Viernes que viene!

Volveré.

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Polvo de estrellas

Os tengo que hablar de otra película. La elegida en esta ocasión ha tenido una promoción pésima, al menos aquí en España, muy poca publicidad, y pocas salas en los cines. De hecho, la estuve viendo en Kinepolis el pasado Domingo, fin de semana en que se estrenaba, y la tienen apartada en una de las salas más pequeñas (las cuales nunca son pequeñas) de la ciudad pozuelina del cine. Seguramente, las mejores películas las encuentras en esas salas, pero eso es tema aparte.

Esta película, llamada “Stardust” (polvo de estrellas, para quién no entienda inglés), es un cuentecito que bien podrían ver nuestros hijos (míos no, aún), pero que ofrece enseñanzas a los padres. Básicamente es un atípico cuento de hadas, en el que una estrella cae a la tierra, y se producen varias situaciones al respecto: Una bruja mala (Michelle Pfeiffer) quiere conseguirla para recuperar su juventud, unos príncipes van tras el cuerpo celeste para ganarse su derecho al trono y por último, un joven llamado Tristán, proveniente de un pequeño pueblo de Inglaterra, necesita el lucero como prueba de su amor hacia su adorada Victoria.

Si os gustó “La princesa prometida” (una de mis favoritas), esta os encantará. El caso es que plantea varias situaciones que podríamos trasladar a la vida real. Intentaré relatarlas sin reventaros la película… La primera y no por ello más o menos importante, es la posibilidad de cambiar nuestro destino. Cómo un joven dependiente de una tienda, puede cambiar su “aburrida” vida por algo mucho más atractivo, que en la fantasía le lleva incluso a conocer a un capitán de barco un poco mariposón (Robert DeNiro), el cual se gana la vida cazando rayos, pero que en la realidad te puede llevar a cambiar radicalmente de vida. Como dicen en la película: “hay chicos que son dependientes, y otros que trabajan casualmente en una tienda”. La trama en este aspecto intenta decirnos que siempre debemos perseguir nuestros sueños y que, los consigamos o no, el viaje es enriquecedor y hermoso. Yo intento ser cada día de los que casualmente trabaja en este mundillo de las telecomunicaciones y, de momento, el viaje me está resultando sorprendente y esperanzador.

Tenemos es esta película un segundo tema: La prueba de amor. Se supone que Tristán está persiguiendo la estrella porque, gracias a ella, podrá demostrar su amor a Victoria: “Por ti, cogería esa estrella y la traería a tus pies”. “Demuéstralo, pero tienes una semana”. A lo largo de la película, se ve la devoción total de Tristán hacia Victoria, ese amor incondicional, hasta que alguien le pregunta: “¿Y qué ha tenido que hacer ella para demostrarte su amor?”. Curioso argumento que no solemos plantearnos. Si alguien para ti es importante, y se supone que el sentimiento es recíproco (no es necesario que hablemos de amor, puede ser amistad, compañerismo, relación padre-hijo, etcétera, etcétera), ¿por qué tenemos que pedir una prueba de ello? ¿Dónde hemos dejado la confianza? ¿Porque te baje la luna a tu balcón, voy a ser mejor persona? No, simplemente, alguien más aparente, que deja sus principios en la cuneta por ganarse a una persona que no le merece. Así de simple.

Yo no voy a traeros la luna, no iré a por una estrella para que adornéis vuestra mesa, no intentaré ganarme ningún premio. Me conformo con ser quién soy, y tener a mi lado a quién quiera compartir mis experiencias. Si la vida nos une, bienvenida sea esa unión, intentaré conservarla, pero no voy a forzarla. Estoy agradecido de haber encontrado compañeros como vosotros.

Un abrazo, nos vemos pronto.

Resurección

Ayer le comentaba a mi compañero y amigo Almodovar (no, no me refiero al director de cine) que hoy iba a cambiar de tercio. Iba a hacer algo que ya introduje la semana pasada con lo de la vacuna contra el cáncer de útero. Es decir: Iba a comentar noticias alegres, dejar las frikadas a un lado. Pero no he podido resistirme, lo siento, necesito contar esto:

También ayer, salía en los diversos medios de comunicación, una de las noticias más frikis de los últimos tiempos: “El Capitán América resucita”. De verdad, no lo he leído en ninguna publicación extraña, sino en los periódicos “normales”.

Hemos de recordar que, hace unos meses, llegó a salir incluso en portada de varios diarios la muerte del conocido personaje. Y es que los comics terminan pareciéndose a la vida real. Steve Rogers (alter ego del Capi) era asesinado por un francotirador en las escaleras del congreso americano. La razón, bien sencilla: Se oponía a una nueva ley impulsada por el gobierno, la cual recortaba libertades a los ciudadanos Norteamericanos. La ley era sospechosamente parecida a la ley antiterrorista que George Bush impulsó hace ya algunos años, incluso en algún comic aparecía Condolezza Rice apoyando la propuesta.

Esta situación (la publicación de la ley) llevó el país hacia una guerra civil entre los detractores y los que apoyan dicha acta. De este argumento cogí la frase con la que firmaba los correos (“Quienes son capaces de renunciar a la libertad a cambio de la seguridad, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad”. Benjamin Franklin), que es una de las principales premisas de la línea argumental.

Ahora, quien resucita no es el personaje como tal, sino que alguien (aún no se sabe quién es) se ha enfundado el traje y sigue con la cruzada personal del Capi.

Como he oído decir muchas veces, puedes matar a las personas, pero las ideas permanecen. Puedes matarme por no pensar como tú, pero alguien se alzará en mi lugar.

Una de las cosas que se me hacen más difíciles en esta vida es, como dijo Miguel Ríos, “defender mi ideología, buena o mala pero mía”. Y más difícil aún que defenderla, en conservarla. Continuar con fuerzas, mantenerse firme. No quiero mirar un día para atrás, y ver que aquello en que me he convertido no tiene nada que ver con lo que era. De momento, creo haberlo conseguido, mañana ya veremos.

Debemos crecer, hacernos grandes, pero por favor, nunca, y repito lo de nunca, os convirtáis en adultos. Seguid preguntándoos si aquél cordero, sí o no, se comió la flor (si no sabéis de qué hablo, leed “el principito”), seguid buscando preguntas, no penséis que tenemos todas las respuestas. Y por encima de todo, intentad dibujar cada día una sonrisa en la cara de alguien. Cuando ves a alguien sonreír gracias a ti, es cuando comprendes que la vida merece la pena.

Un saludo, jóvenes pawadan, nos vemos por aquí.


La gente puede cambiar (Jack Mosley)

A veces, veo una película y me pongo a pensar en ella. Ya, ya sé que no es muy normal que yo piense, pero a veces lo hago, ¡en serio!. En este caso, la culpable fue “16 calles”.

Aquellos que no la hayáis visto, seguramente pensaréis: “Otra de Bruce Willis, seguro que hace de policía borracho y salva al mundo”. En una cosa acertáis: su papel es el de un policía borracho (Jack Mosley). Pero esta vez no salva al mundo. Y además, seguro que es una de las pocas películas del actor en cuestión que os pueden hacer llorar de la emoción. De hecho, mi madre acabó llorando, y a mí se me debió meter algo en el ojo, porque también se me saltaron las lágrimas y es bien sabido que los hombres no lloramos (preguntadle a Bustamante).

El caso es que en gran parte de la película se plantean la cuestión de si la gente es capaz o no de cambiar: ¿puede un ladrón convertirse en una persona honrada? ¿puede un policía corrupto acabar siendo una persona honesta?

Vale, ya sé que algunos de vosotros me diréis que soy un idealista, que es bien sabido que las personas no cambian nunca, y que me deje de chorradas. Pues yo creo en el equilibrio: Si existen personas que cambian para mal (conozco muchos casos), también existirán personas que cambién para bien, ¿no? Bien, teneis razón, de estos casos no conozco muchos, pero es que no me voy juntando por ahí con pendencieros… ¿o sí?

Sin embargo, no creo que esto sólo pase en las películas, que a veces se parecen más a la realidad de lo que pensamos (¿o era al revés?). Una vez más, apuesto por la gente. Apuesto por el que tiene voluntad de cambiar, pues la voluntad lo es todo. Apuesto por la esperanza, nuestra más fiel compañera. Apuesto por ti y por mí. Apuesto por Jack Mosley. ¿Y tú, apostarás por mí?

Faltos de héroes, pero sobrados de falsos héroes

El pasado sábado, como buen freaky que se precie, fui al cine para ver una de las grandes producciones que está en candeleda estos días. Me refiero, cómo no, a los cuatro fantásticos. (Realmente un buen freaky la habría visto el día del estreno, pero uno trabaja y ya se sabe…).

La verdad es que me gustó, al igual que el resto de películas de superhéroes Marvel, pero no me pidan una opinión crítica, puesto que no soy objetivo con este tipo de films.

Pero no era ésto lo que quería contarles, así que vayamos al tema: Estamos faltos de héroes. Voy a explicarme:

Soñamos con seres voladores que desprendan rayos por los ojos, y que con su capa y sus calzoncillos por fuera detengan a los malvados Lex Luthor o sus equivalentes en otros héroes del género. Y se nos olvida que esas personas no existen. También creemos que un buen político sería capaz de detener a un tal Bin Laden que está aterrorizando al mundo occidental. Y se nos olvida que esa persona tampoco existe. Y si nos damos cuenta, todos tiene algo en común: en los cómics, el malvado antagonista, el enemigo más mítico del héroe, suele ser un antiguo amigo o compañero del superhéroe. ¡Qué curioso!, ¡qué paralelismos!

Así que, como esos héroes de ficción no existen, ni tampoco existen actualmente los héroes políticos (aunque algunos sean algo mejores que otros), nos acercamos a lo que nos parece más real: el cine. Nos perdemos en la gran pantalla buscando algo de esa bondad perdida en el género humano. Pero también nos olvidamos de algo más. De que lo héroes sí existen fuera de nuestra imaginación. Nos olvidamos del bombero que ha salvado nuestra casa de las llamas y ha velado por nuestros recuerdos, los que conforman nuestra vida. O de aquél que ayudo a un niño a salir del amasijo del que parecía imposible escapar. O del médico que nos salvó la vida cuando todo parecía perdido. Incluso del misionero que lo deja todo para luchar por una causa que parece perdida. Nos olvidamos hasta de nuestro vecino, que nos hizo la vida un poco más facil cuando decidió ser amable con nosotros, cuando se quedó con nuestro perro para que pudiéramos disfrutar de nuestras vacaciones. Nos olvidamos de la familia, que nos hizo crecer fuertes y sanos, y que en algunas ocasiones se quedaban sin comer para que nosotros pudiéramos hacerlo. Nos olvidamos de nuestra pareja, que buscaba en nosotros tan sólo un poco de cariño, y que con el paso de los años lo hemos ido menguando por no cultivarlo. Nos olvidamos de nuestros hijos, que nos despiertan esa tan agradecida sonrisa cuando nos hacen alguna travesura, o cuando se nos ocurre jugar con ellos, una vez al año…

En definitiva: Los héroes sí existen, y no es necesario buscarlos en la gran pantalla. Tan solo tenemos que creer en nosotros mismos. Somos un gran potencial. Y si esperamos que los demás mejoren el mundo por nosotros, lo llevamos claro. Mejoremos nuestro ambiente, lo que nos rodea, y así mejorará nuestra vida.

Recuerdo una frase de Homer Simpson: “Elegimos a nuestros políticos para que piensen por nosotros”. No le hagamos caso, ya saben lo estúpido que puede llegar a ser ese personaje, y ya saben que todos nos identificamos con alguna parte de su conducta. Cambiemos eso. Cambiemos de ídolos. No escuchemos a Bush, Rajoy, Zapatero, Castro o quienquiera que sea que nos intente llevar a una guerra, en la que nunca hay héroes. Escuchemos a Gandhi, Jara, Allende o la Madre Teresa de Calcuta, a todo aquel que busca la paz a través de la paz, y no a través de la guerra.

Escuchemos a nuestros héroes, salvemos a nuestros héroes, y seamos héroes con los demás.