Quiero abrazarte tanto

Llevaba tiempo desconectado de la música. De la escritura. De la radio. De aquellas pequeñas cosas que siempre me hicieron ser quien soy. Sí, en esencia, sigo siendo yo. Sí, en esencia, sigo haciendo un poco de todo (montando nuevas asociaciones, diseñando logotipos, ayudando a otras personas en todo lo que pueda, trabajando con ilusión, conociendo nuevos lugares, disfrutando del arte, de museos, de los mercadillos de calle, de festivales, de series, de cómics…). Pero algo faltaba (sin haberme dado cuenta). Sigue leyendo

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Ciervos

Lo que más me gusta de mi trabajo es observar a los ciervos.

Pareciera que mi trabajo consistiera en catalogar aves, o en ejercer de guardia forestal, etc. Nada más lejos de la verdad. Trabajo, como muchos ya saben, en una empresa de ingeniería de telecomunicaciones. Y aún así, lo mejor de mi trabajo es poder ver, de vez en cuando, a los ciervos.

Pueda resultar extraña esta afirmación si el lector desconoce por completo el contexto en el que se encuadra la misma. Sigue leyendo

Con los ojos de un niño

Los papás de Pau (cinco años) están separados. Un día estaba Pau viendo en la tele una peli donde un cura estaba casando a una pareja y decía la frase: “Hasta que la muerte os separe”, y acto seguido Pau le dijo a su madre: “Mamá, ¡papá y tú estáis muertos!”.Frases célebres de niños 2. El hormiguero. Pablo Motos.

Me encantaría poder seguir viendo el mundo con los ojos de un niño. Un día, sin darte cuenta, te levantas y te has convertido en la cucaracha de Kafka. Has perdido la lógica y los sentidos. La mentira es una parte fundamental de tu existencia y se te olvidan completamente los detalles más importantes.

Crees que lo sabes todo sobre la vida, que los niños no comprenden el mundo como lo pueden hacer los adultos, y que la única forma de ser feliz es luchar duramente por lo que quieres conseguir. Y resulta que ni siquiera sabemos qué queremos conseguir.

Sin embargo, los niños lo tienen bien claro. Como Pablo, que con cinco años, un día le dijo a su madre: “Mamá, ¿sabes cual es mi mayor tercer deseo? ¡Comerme un melón entero!”. Mirad, que meta más sencilla y fácilmente alcanzable. Sin embargo, a Pablo, cuando crezca, se le habrá olvidado su mayor tercer deseo. Y comer un melón entero no le hará tan feliz como podía hacerle con 5 años… ¿qué es lo que nos hace cambiar de ese modo? Si alguien lo sabe, por favor, que me de la vacuna. Y que se la pase a Pablo también. Que le hagan feliz.

Luego llega el pequeño Paco quien, con tan sólo ocho años, después de que su hermana le comentara, en un día de abundante lluvia, que aquello parecía el diluvio universal; a él sólo se le ocurrió suspirar: “El Diluvio Universal, y yo sin conocer el amor”.

Parece que toda nuestra vida, de pronto, se centra en una sola frase: “El Diluvio Universal, y yo sin ser rico todavía”.

Empezamos a complicarnos la existencia con aquello que nunca tendrá importancia, y morimos mucho más viejos y más sabios, arrepintiéndonos en nuestros últimos momentos de las decisiones que nunca tomamos.

Hay quien dice que la sabiduría te llega cuando ya no puedes hacer nada con ella. Yo no lo creo. Creo que la sabiduría nace con nosotros, se desarrolla, tiene su punto álgido en la infancia y, pasada esa corta fase de la vida, la vamos perdiendo poco a poco…

También creo que Pau tiene razón cuando le asegura a su madre que ella y su padre están muertos. Al fin y al cabo, si no vives la vida, es porque estás muerto. Y si aquello que más te importaba ha pasado a ser todo un estorbo… entonces… ¿qué nos queda? Los padres de Pau se convirtieron en zombies. En personas que se dejaron el músculo motor olvidado en la taquilla del trabajo. La muerte ya no supone una diferencia.

Sin querer, todos empezamos a morir un poco cuando crecemos. Se nos instala un virus molesto y degenerativo que nos hace perder lo importante en los lugares menos indicados… te dejas la amistad olvidada en la barra de un bar, los principios en el bolsillo de aquella vieja camisa, y el amor en una balda del supermercado. Las lágrimas se evaporan en silencio, junto al humo de los coches, y la risa se ve ahogada por el ruido de la ciudad.

Lo peor de todo es que apenas lo identificas como amenaza, y de alguna manera crees que la vida siempre ha sido así. Que no hay otros caminos. Oímos a cantores gritar al oído de la gente que otro mundo es posible, y les ponemos una imaginaria camisa de fuerza.

Y yo, como esos locos trocadores, les pido humildemente que, si alguien la conoce, por favor, me inocule esa magnífica vacuna. Aquella que nos traerá de nuevo la alegría. La que nos hará deshacernos de nuestros mejores trajes. La que derrumbará nuestras lujosas casas hipotecadas. La que reducirá a escombros los supermercados. La que abrirá las puertas de los manicomios. La que, por fin, nos devolverá la sabiduría que perdimos siendo niños.

Bien aventurados los niños y los locos, porque de ellos nacerá nuestra esperanza.

*Las frases de niños incluídas en el texto están sacadas del libro “Frases célebres de niños 2. El Hormiguero”
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Con dos meses de retraso

La resaca vacacional ha sido excesiva, diría yo. Y por los comentarios recibidos, veo que compartís e incluso amplificáis mi opinión…

El problema principal es el trabajo. Me estoy tanto, tanto tiempo delante de ordenadores, que cuando llego a casa lo último que me apetece es pasar unos minutos más junto a la máquina… Pero esto se echa de menos.

Os debo, al menos, un abrazo y unas palabras.

Así que empezaré fuerte esta nueva temporada. Empezaré contando proyectos y vivencias, y colgando algún que otro poema o relato. Además de agradecer los premios que se me han otorgado, así como concediéndoselos a los demás. Por lo tanto, estad atentos esta semana ya que, de este Sábado o Domingo no pasa que tengáis, si no más, 3 cosas nuevas que leer en este blog.

Empezaré contando algo que aún no conocéis, y os daré la murga con ello semana tras semana. Lo siento, soy así de pesado. Y lo peor es que además de ser pesado sobre “papel electrónico”, lo soy también por las ondas hertzianas. Bueno, no estoy seguro de que deba llamarlas así… Lo importante: Que doy el coñazo también por la radio. Sí, como lo oís.

Desde hace ya no sé cuantos años, ejerzo una pequeña labor de ¿periodista? en diversos medios. Como afición siempre, claro. No penséis que voy a tener varios trabajos. Empecé en una emisora municipal, llamada “Onda Fuenlabrada“, en la cual hacía un magazine los Sábados por la mañana. Nos tirábamos tres horas haciendo el chorra, contando noticias “a nuestro modo”, etc. Tal era el desfase que, cuando se lo conté a una amiga que llevaba tiempo sin ver, me dijo: “Ah, ¿que vosotros sois los colgaos esos que escucho los sábados por la mañana?” Imaginad cómo era el tema.

Nos pusimos un poco tontos con la especulación de los pisos y tal, y decidieron quitarnos el programa. Y eso que el ayuntamiento es del PSOE. ¡Qué bonita es la pseudo-izquierda!

Después de un año entero sin tocar una mesa de mezclas (en “Onda Fuenlabrada” no solo locutaba, sino que también estaba a los mandos), me entró una nostalgia tal que acabé pagando por hacer radio. 10 € al mes tienen la culpa de que me podáis oír cada sábado por la mañana y, a partir de octubre, cada viernes por la tarde en Radio Ritmo Getafe (99,9 FM o http://www.radioritmo.org). Cambié de registro. Si antes hacía un programa “de coña”, en esta ocasión me puse un poco serio e inicié un espacio, llamado “La senda del tiempo”, en el que hacía repaso de los grupos y solistas que han marcado la historia de nuestro país, y de otros, desde tiempos inmemoriales. Bueno, tanto no. Así, con música de fondo y e intercalando canciones “míticas” o también inéditas, conté la vida y obra de grandes de la música como Ismael Serrano, Celtas Cortos, Tontxu, Héroes del Silencio, etc. Y así hasta hoy. La diferencia es que, después de cambiar el horario y de fusionarnos dos programas distintos, “la senda del tiempo” murió para dar paso a algo más festivo: “Saturday Fever“. Programa que podéis escuchar los sábados por la mañana en radio ritmo, o cualquier día aquí mismo, en el blog. Y aunque el primero de la temporada es tan solo musical (le ha tocado el turno al maestro “Víctor Jara”), este programa será un popurrí de contenidos que ya iréis descubriendo poco a poco. De momento, os dejo el primero de este segundo año de “Saturday Fever“, en Megaupload. Si no sabéis descargar de megaupload (aunque es facilillo), tenéis un tutorial aquí: Tutorial descarga Megaupload. Aunque el tuto diga lo contrario, no es necesario registrarse.

Saturday Fever – 6 de Septiembre de 2008

 
Bueno compañeros. Por hoy nada más. Pronto os seguiré contando el tema de la radio y mis vacaciones. ¡Gracias por seguir fieles!

El día que conocí a Risto Mejide

Hoy ha sido el último día, este año, de una de las más memorables ferias que inundan Madrid en los momentos más hermosos del año. Y es que, como cada año, la feria del libro abrió sus puertas durante quince días, para cerrarlas durante otro largo periodo que a mí siempre me ha parecido eterno.

Me encantaría vivir en la capital, y pasearme cada jornada de estas dos preciosas semanas por el parque del retiro, entrar por la puerta del ángel caído y pasear hacia un universo de autores y editores, un suelo poblado de páginas escritas con las mejores y peores intenciones, donde crecen enormes árboles de ingenio y sopla suavemente un aire de cultura imposible de encontrar en cualquier otro lugar del mundo.

Me gustaría poder conversar, aunque tan sólo fuera cruzar un par de frases, con todos los autores que pueblan las avenidas ilustradas con los más bellos poemas, los ríos de tinta que corren paralelos a la sangre de mis venas, y recoger de cada uno de ellos esa esencia que se hace vital para la supervivencia de mi especie.

Leo, luego existo.

Escribo, luego otros existen para mí.

Y de entre todos los autores a los que podría haber saludado en un acto de tal esplendor, se me ocurre acercarme al (e)stand donde firma ejemplares el (probablemente) más odiado de los escritores conocidos.

Hablo, cómo no, de Risto Mejide.

Van seis ediciones de su libro en unos cuatro meses, y todavía hay quien piensa que se debe tan sólo a su condición de famoso. Pues qué quieren que les diga, conozco personas que rehuyen sus escritos tan sólo por ser quien es, por lo que su fama es tan productiva como todo lo contrario.

Lo que pasa es que, cuando lees a Risto, ya no puedes parar. Una anécdota: En los últimos años, sólo recuerdo tres libros que haya empezado a leer mi hermana. Probablemente haya empezado alguno más, pero yo no recuerdo.

El primero de esos libros, como izquierdista que es ella, se titula “Diario de un Skin”, de Antonio Salas. Supongo que la mayoría lo conoceréis. Es la historia del propio autor, el cual se cuela en distintas organizaciones nazis, y da numerosos datos sobre las mismas, de tal manera que algunas han podido desmantelarse gracias a su actuación.

El segundo, y por recomendación de una amiga suya, se llama “Veronika decide morir”, de Paulo Coelho. La verdad es que no lo he leído, pero siendo de Coelho, me imagino un poco la temática del mismo…

Ninguno de esos dos libros los ha terminado.

El tercer libro que ha empezado a leer recientemente, y que no sé si terminará esta vez, es “Pensamiento Negativo. Acierta mal y pensarás”, de Risto Mejide. Un personaje al que mi hermana odiaba y al que, movida por la curiosidad que le transmitíamos tanto yo como el resto de mi familia, ha empezado a leer con tal fuerza que, a día de hoy, va nombrándolo por todos los sitios a los que va. Como el mismo Risto me dijo ayer, refiriéndose al hecho de incitar a leer a alguien que, generalmente, no lo hace: “algo bueno tenía que tener”.

“A pesar de los pesares”, contesté yo con tono irónico. Como respuesta recibí un asentimiento y una sonrisa cómplice. En ese momento, Risto estaba firmando el libro de mi hermana, que llevaba mi madre en la mano, ya que ella no había podido acudir a la cita.

– Para Belén, es mi hija.
– ¿Es que a ti no te gusta?
– Me gusta mucho, lo que pasa es que me lo vio y se lo ha quedado
– Entonces pondré: “Para Belén, cuya madre tiene un gusto literario excelente”. Así nos piropeamos mutuamente.

Es mi turno:

– Buenas tardes Risto.
– Buenas tardes, ¿que tal?
– Bien, dedícalo a Samuel y Mirian. ¿Te puedo hacer una crítica?
– Claro
– Pues verás: “Bla, bla, bla…”
– No es la primera vez que me lo dicen, y tomo nota. Muchas gracias.
– Gracias a ti, por nombrarme en el ADN, en el último “Por alusiones”
– ¡Ey, tú eres un seguidor de los fieles!

Durante la conversación, Mirian, a mi lado, permaneció totalmente callada. Me retiré no porque tuviera ganas, sino porque veía que la gente de detrás iba a empezar a quejarse si no me apartaba de una vez… Lástima, me hubiera gustado continuar la conversación. Otra vez será. Espero. Quizá para su próximo libro. Quizá para mi primer libro. Si es que llega a existir algún día cualquiera de los dos.

El día que te merezca habré hecho tanto por ti como lo que tú ya has hecho por mí. Poner cara de que estás conmigo cuando nadie más lo está. Y ponerla hasta partírtela si hace falta por cualquier tontería indefendible que se me caiga de la boca. Hacer ver que tengo razón aún cuando ya hace rato que me la quitan de las manos, oiga.

Risto Mejide. El día que te merezca. En ADN.es el 13 de Junio de 2008.

Kinder sorpresa

Kinder sorpresa, porque esto va a ser un tres un uno: Chocolate, un juguete y una sorpresa.

Empecemos por el chocolate:

“Así como el cielo pinta el mar
de la color que le place sin consultar
con el hombre del tiempo,
así son los sentimientos.

Y es por eso que prefiero
las palabras a los hechos
no tienes nada que demostrarme
me basta con un ‘te quiero’ “

No creo que pueda encontrar mejor chocolate para ofrecer a todo aquel que lo desee degustar que esta canción del Lichis (La cabra mecánica), la cual expresa en unos pocos versos certeros todo aquello que alguna vez pude pensar respecto de las personas. Sigue leyendo