Corazón de leon triste

Corazón de león triste
planetas de tinta azul
vidas en blanco
soles vacíos
y sus ojos…

Muerte de luz sucia
aguas extintas
mundos concéntricos, crecientes
átomos inconexos
iones de fé
su piel…

Jirones de emoción
tan faltos de ti.
Cataratas de pronombres
y el verbo mentir.
Tú. Tú. Tú.
Al final
solo existes

tú.
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Armadura oxidada

Igual es que hoy me siento un poco menos infalible, y por tanto, menos idiota, lo mismo es que se me fue la mano con sentimientos a fondo perdido, pero creo de verdad que con cada día que pasa, quien no se hace más vulnerable es que no merece ni la vida en la que está.
 
Risto Mejide. Esto te va a doler. Diario ADN. Viernes, 20 de Febrero de 2009
Las corazas no son más
que sentimientos mentidos.
La armadura oxidada
te dejó atrapado
dentro de un mundo
muerto, vacío y perdido.
Pero es sólo eso.
Una armadura.
Un contacto frío.
Una piel inerte.
Una protección absurda.
Un sentimiento vago.
Una mentira externa.
Intentaste que los ojos ajenos
se reflejaran en tu pulido acero,
para que vieran en su pulcro brillo
aquello que buscaban a gritos…
Pero te equivocaste.
El metal se corrompió
y ese color rojizo raído
ya no devuelve la mirada.
Dejaste que la lluvia te calara
y arruinara tu presencia.
Dejaste al corazón latir y sentir
y por fin abriste tu yelmo.
Ahora eres vulnerable.
Por eso mismo estás vivo.

Die Hard

Tanto y nada.


Como si la vida esperara.
¡Cómo si el mundo supiera…!

Voy a ver la última de Bruce Willis.
Me pierdo entre tantos planos
me ahogo entre tantos disparos
pero consigo tragarme mi bilis.

El mundo está loco, pienso
mientras regreso en el metro
sólo, malherido y orgulloso
de ser, de todos, el más loco.

El film me hizo soñar con mundos mejores
me hizo creer de nuevo en ti
en tu risa, en tus sueños, en tus valores
oxidados, pero tan necesarios…

Dead or alive. Da lo mismo ya.
No hay diferencia. No existimos.
No más allá del celuloide extinto.
¿Qué mostraré a mis nietos? Nada.

Y sin embargo tanto…

Y sin embargo…

La banda sonora de mis pasos
es una garganta vieja y arañada
interpretando las dulces fracasos
que ahora cambio por puñaladas.

Todo tuyo.
La banda sonora, la garganta y el puñal.
La pantalla, el proyector y la butaca.
La entrada, las palomitas, la oscuridad…

No volveré a ver Die Hard.


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La hora

Es la hora,
la que todos estábamos esperado,
la que nunca llega.
Pero un día
al volver la vista atrás
te darás cuenta de que ya pasó.

Todo murió y volvió a nacer.
El tiempo todo lo borró
y dibujó nuevas sonrisas
por las que perecer
y revivir y reír y sentir
y jugar y correr y volar
y hablar y dormir y amar.

“La vida es un ratico”
dice un cantor de hoy.
Pero los raticos se pasan volando.
Nada es hoy lo que será mañana.
Nada fue ayer lo que será mañana.
Nadie sabe si realmente habrá mañana.

Nada y todo
todo y nada.
Cuando grito al mundo y escucho nada
cuando el mundo grita y escucho todo.

Aquello que nunca fui
aquello que quizá seré
aquello que no sé si soy.

Los fantasmas de las vanidades
pasadas, presentes y futuras
vuelven a visitarme
como a un Dickens de alquiler.
No malgastes tus ojos conmigo,
no leas mis lamentos
nunca mis gemidos.

Abrázate al árbol que nació
de la semilla del vencido,
que sólo puede perder la batalla
aquél que alguna vez ha luchado.

Merece la pena dejarse la piel en el camino
aunque al final de tus días
no venga a cantarte el mirlo.
Lo andado es lo vivido.

Kinder sorpresa

Kinder sorpresa, porque esto va a ser un tres un uno: Chocolate, un juguete y una sorpresa.

Empecemos por el chocolate:

“Así como el cielo pinta el mar
de la color que le place sin consultar
con el hombre del tiempo,
así son los sentimientos.

Y es por eso que prefiero
las palabras a los hechos
no tienes nada que demostrarme
me basta con un ‘te quiero’ “

No creo que pueda encontrar mejor chocolate para ofrecer a todo aquel que lo desee degustar que esta canción del Lichis (La cabra mecánica), la cual expresa en unos pocos versos certeros todo aquello que alguna vez pude pensar respecto de las personas. Sigue leyendo

Síndrome de abstinencia

Me lancé hacia mi derrota
cuando aún no había vencido.
Me perdí entre otros labios:
los que nunca besamos,
los que siempre anhelamos.

Y caí.

Pero aterricé en un mullido lecho
donde la vida se amontona
pidiendo a gritos esperanza.

A cambio me ofrece su voz.

Otros brazos me acarician
me tientan, me abrazan
me arrastran, me lanzan
a este vacío de verdades.
A ese mundo sin males,
a la esquina de los muertos
de mis vivencias inciertas.

Sabes que no existe rey
en el país de los tuertos.

Aunque nos digan que camina
entre nosotros un mesías
que nos librará del injusto.
¿Quién nos protegerá
de su particular justicia?

Más que la vida
amo la verdad
del que renace en los versos
del cantautor extinto.

Sin la sinceridad de tu mirada
no me queda más que nada.
Ni palabras, ni espacios
ni mundos, ni edades.

Mi tiempo no es más
que el que ingenias sosteniendo
el último grano de cristal
entre tus dedos temblorosos,
resquicio del palacio
donde la emperatriz infantil
evita que nuestros sueños
se infecten con veneno de áspid.

Quizá hasta que desaparezca
la vorágine de existencia,
tu fantasía será la que cure
mi síndrome de abstinencia.

Tan sólo palabras

Después de despotricar con cariño contra el señor Mejide, mostrando mis sentimientos en cuerpo y arma arrojadiza, toca uno de esos momentos en los que los versos se vuelven tan necesarios como comer un buen plato de pasta a la carbonara. O como más te guste. Y elaborada con arroz, si es que no toleras el gluten, no se te vaya a indigestar y luego me echas la culpa de tu sumisión al hacer tan sólo lo que he sugerido en esta entrada… Que no gano para sustos y no me gustaría encontrarme con una demanda por temeridad al incitarte a consumir productos nocivos para la salud y el bolsillo, en plan estadounidense (mal)educado en el capitalismo.

Así que allá vamos, esperando no aburrir al personal con palabras descarriadas:

Tan sólo palabras

Y si la noche acaba
en un estertor de vida
deja que sean tus labios
los que desarmen mi mirada,
abriendo y cerrando
al compás del verbo
esa garganta tuya
que clama venganza.

Si los poderosos tuvieran
en su alcoba tu conciencia
podríamos darnos por vivos.
¡Viva la vida sin lastre!
pero si no tengo tu latido
la parca sabe donde encontrarme.

Mejor muerto que enterrado.

Deja que tu roja sangre
se convierta en sabia*
de los sauces
llorones que gobiernan
las amplias llanuras
repletas de ánimas encontradas.

Llena mi vaso de verdades
que beberemos a la luz de las ráfagas
provocadas de forma preventiva
por almas de desolación masiva,
cansadas de ser disparadas
a un vacío de soledades.

Cuando todo esté vencido,
deja tu sudor sobre la mesa
y tu voz en el cajón de la entrada.
Otros cogerán el testigo
haciendo de tus noches mi causa,
por la que siempre lucharemos
aunque se nos agoten las batallas.

Gracias por la palabra.

*No, no es un error ortográfico. Es intencionado.