La larga espera (III)

Se me había olvidado escribir. De hecho, era la primera vez que empezaba un relato hablando de mí. Maldito egoísta. Corazón vacío. ¿Dónde dejaste olvidado el significado de las letras? Pero entonces te acordaste de ella. Como cada minuto de tu vida.

Eran las dos de la tarde y pasaban tres minutos de la cita. Años de vida juntos y aun llegaba pronto a los encuentros contigo. Hace tiempo que me hice adicto a esperarte. En cualquier ciudad. En cualquier contexto. La cuarta dimensión enloquece cuando pienso en ti. El tiempo se detiene, gira, me besa los labios, se va, vuelve y sigue su curso. Nunca sabrá la delicia en la que se convierte pensarte durante eternos segundos esperando tu llegada. Sigue leyendo

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Sin mirar

Camino tranquilamente por la calle. Una de esas calles luminosas y anchas, donde puedes andar con los brazos extendidos cual pasajero del Titanic sin rozar una sola de las almas que transitan por ella. Pienso en mis cosas. Mi trabajo. Mi vida. Mi libertad.

De pronto, mientras mis pensamientos vagan por un sinfín de pasadizos secretos, accesibles solo para mí, noto algo que cae a mis pies. Mierda, se me han manchado los zapatos. Sigue leyendo

Mensaje en una botella

Cuando Ike leyó el mensaje de la botella, entonces, y sólo entonces, de sus ojos brotó la primera lágrima de felicidad que nunca conociera el mundo.

Ésta fue la primera vez que Ike se sintió acompañado. Pero no fue la única, y de alguna manera él lo supo antes de que llegaran las siguientes botellas.

Años después, un viajero encontro en la playa una hilera interminable de botellas de todas las formas y colores. Cada una de ellas contenía una lágrima cristalizada de felicidad.

La era del basilisco

Y entonces el basilisco abandonó la cueva en la que se hallaba recluido, y los hombres volvieron a convertirse en piedra.

Y los obreros de antaño, que dieron su vida para encerrar a la bestia, se removieron en sus lechos de tierra. Y las estatuas erigidas en su honor se derrumbaron.


El basilisco posó su paralizante mirada en todo aquel que mostraba debilidad y, poco a poco, los ánimos de los hombres fueron mermados. Sigue leyendo

El último recuerdo

Se despertó lentamente, como saliendo de un sueño eterno, resurgiendo de aguas profundas y oscuras, donde su identidad se hundió hace ya tanto tiempo. Dejó que sus pupilas se acostumbraran a las primeras luces del alba y que el agradable aroma a bosque en el aire llenara sus pulmones.

Muy despacio, deslizó un pie hasta el suelo y apoyó en él parte de su peso, aumentado ligeramente con los años transcurridos. Sigue leyendo