Confesión

 – Sí, fui yo.

     La mirada de aquel agente estaba a medio camino entre la incredulidad y la pena. Resultaba extraño. Ante la confesión de tan horrible crimen, cualquiera supondría que yo recibiría poco menos que el odio y la ira de cualquier persona que, alguna vez en su vida, haya tenido un sentimiento.

     Pero no. Incredulidad y pena. Sobre todo pena. Sigue leyendo

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Verano

El mundo se llenó de colores, y una explosión primaveral anunció lo que sería un ardiente verano. Ya se habían preparado para la playa así que, a pesar del calor, decidieron que estaría muy bien seguir con sus planes e irse a rebozarse por la ardiente arena.

Fueron raudos, veloces, alocados, ilusionados, hacia aquel destino azul y siena. Sigue leyendo

Sin mirar

Camino tranquilamente por la calle. Una de esas calles luminosas y anchas, donde puedes andar con los brazos extendidos cual pasajero del Titanic sin rozar una sola de las almas que transitan por ella. Pienso en mis cosas. Mi trabajo. Mi vida. Mi libertad.

De pronto, mientras mis pensamientos vagan por un sinfín de pasadizos secretos, accesibles solo para mí, noto algo que cae a mis pies. Mierda, se me han manchado los zapatos. Sigue leyendo

Un nuevo mundo

A veces se encuentran tiradas por ahí, otras veces, perfectamente ordenadas en una secuencia muy concreta. En otras ocasiones los niños juegan con ellas y las distancian o unen a su antojo, con o sin significado. Más de una vez animan a las masas o alegran al individuo. En casos concretos te hacen llorar, de tristeza o de júbilo. Sigue leyendo

Los frutos de Fuenlabrada

Esta mañana he visto cómo a una persona se le escapaba un jirón de vida. Este jirón de vida volaba y volaba sin descanso, feliz por su liberación después de tantos años de encierro.

La persona que lo había perdido aún no lo sabía. Sospecho que se enterará dentro de algunos años, cuando busque en sus bolsillos y sólo encuentre dinero. Sigue leyendo

Mensaje en una botella

Cuando Ike leyó el mensaje de la botella, entonces, y sólo entonces, de sus ojos brotó la primera lágrima de felicidad que nunca conociera el mundo.

Ésta fue la primera vez que Ike se sintió acompañado. Pero no fue la única, y de alguna manera él lo supo antes de que llegaran las siguientes botellas.

Años después, un viajero encontro en la playa una hilera interminable de botellas de todas las formas y colores. Cada una de ellas contenía una lágrima cristalizada de felicidad.